jueves, 30 de agosto de 2012

POEMA XXXVII- UN MISMO LATIDO. AKASHA VALENTINE.



POEMA XXXVII- UN MISMO LATIDO. AKASHA VALENTINE. 

Esta repentina carencia involuntaria de compañía me provoca cierto pesar, y me siento obligado a plasmar mi dolor entre unas líneas que nadie más que yo leerá. Mi cabeza está llena de pensamientos melancólicos, recuerdos ausentes carentes de emociones cuya única motivación para seguir adelante es la de hallar la muerte en el olvido. Mis temblorosas manos han comenzado a bailar sin control alguno sobre las líneas que forman mi rostro intentando encubrir unas lágrimas sazonadas por la amargura y alimentadas por la pena que me provoca tu repentina partida. No importa en qué dirección obligue a mis ojos a posarse, todos los objetos siguen colocados en su sitio y sin embargo algo dentro de mí ha cambiado, mi corazón se está derrumbando, mi alma se está haciendo pedazos mientras mi mundo se queda sin un motivo por el que merezca la pena seguir luchando. No lo entiendo, o quizás no lo quiero comprender, por eso soy incapaz de darme la vuelta y enfrentarme a la realidad. Si hablo enmudezco, si callo me ahogo, y si me falta el aire lucho por seguir respirando para poder encontrar la manera de retenerte a mi lado aunque solo sea durante un segundo más.

¿Acaso hice algo mal? ¿Hablé en algún momento sin tener motivos para hacerlo? ¿No fui cortés cuando debería haber inclinado todo mi cuerpo para besar el suelo que pisabas? Quizás este amor que un día te ofrecí de buena voluntad nunca supo amoldarse a tu corazón, es como si el molde con el que hubiera sido fabricado no encajase en tu persona.
¿Por qué me siento así ahora? Sin motivaciones, sin aspiraciones, vacío, lleno de rabia y dolor, consumido por esta amargura que corre por mis venas y me obliga a perder el control. No lo entiendo, pues cada vez que veo tu imagen impresa en las fotografías que decoran las paredes de nuestra casa encuentro tu lado más tierno y amable en ellas. Aunque ya nada importa, porque ahora mismo lo único que me queda de ti son un puñado de recuerdos sujetos en una sola mano cuya vida se va apagando a medida que los voy rompiendo. Quiero preguntarte: ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué me dejaste sin razón ni motivo? ¿No fui lo suficientemente amable? ¿No te amé hasta desgastar mi alma por completo? ¿No tuve el suficiente valor para quitarme este pesado corazón y entregártelo en una bandeja de plata para que hicieras con él lo que te diera la gana?

Son demasiadas las preguntas, y para todas ellas sólo existe una única respuesta, tu adiós. Puede que decir ¡lo lamento! en estos momentos no sea lo más apropiado, pero es lo que siento en estos mismos instantes. Quiero que vuelvas a mi lado y me hagas olvidar que este sueño un día se convirtió en una pesadilla de la que no podía despertar. Tal vez suene a excusa barata, pero siento que si ahora no acortamos las distancias no lo haremos nunca, así que ábreme de nuevo la puerta de tu corazón, déjame entrar de nuevo en tu vida para ser un hombre mejor, para amarte como te mereces ser amada, para alzarte en el pedestal que mereces estar y resarcirte por todos los malos momentos que te he hecho pasar. Sé que que no quieres verme, no hace falta que lo digas, pues tu rostro ya habla por ti, pero sé que en lo más profundo de tu corazón sigues sintiendo algo por mi persona, así que dejame tocarte, retenerte entre mis brazos y compensarte por este pesado vacío que ahora llena nuestras vidas. Si necesitas que me calle lo haré, ahora y siempre. Pídeme lo que quieras, pues estoy aquí para dártelo, y no importa cuánto tenga que hacer para ganarme de nuevo tu confianza, porque haré lo que sea para que vuelvas a ser la princesa de mi sueños. Sólo te necesito a ti para ser feliz, así que, ¿qué me dices, pequeña? ¿Tengo una nueva oportunidad para hacerte feliz?



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lunes, 27 de agosto de 2012

POEMA XXXVI- LA ÚLTIMA COPA. AKASHA VALENTINE.




POEMAS XXVI- LA ÚLTIMA COPA. AKASHA VALENTINE. 

Lo sé, los segundos comienzan a ser como molestas agujas que se clavan en la piel y nos invitan a movernos para entablar una absurda conversación donde en realidad sabemos que las palabras son simples objetos decorativos que interrumpen al ardiente deseo que habita en nuestro interior. Te confieso, aquí y ahora engullido por un murmullo constante del que no podemos escapar ni silenciar que no siempre estoy mirándote el vórtice de tu espalda desnuda, pues si lo hago de forma continuada tú te sentirás incómoda y yo dañado, así que de vez en cuando desvío ligeramente la mirada hasta tu última copa, donde la huella de tus labios impresos hace el amor con las penúltimas gotas de ambrosía, y ansío desesperadamente ser el recipiente de cristal transparente al que no le ruborizan las miradas extrañas que le observan con recelo y anhelo.

Cierro lentamente los ojos, como si mis párpados fuesen un pesado telón de acero, pero rápidamente me veo obligado a levantarlo por miedo a verte desaparecer en mitad de la muchedumbre que te rodea con sus brazos desnudos y sus cuerpos cubiertos de finas telas de distintos colores y formas. Puede que no siempre no emplee hermosos gestos o elocuentes palabras que susurrarte al oído mientras tú estás a mi lado, aquí callada esperando a que termine, saboreando el tacto de mis vocales e ingiriendo con lentitud la forma de las consonantes que caen por tu garganta mientras sus manos te arrancan pequeños gemidos silenciosos de placer. El amor era un sentimiento demasiado complicado para mí hasta el día en que te conocí, y desde ese mismo instante toco cambió, todo se volvió más fácil y transparente, podía ver a mi alma con total claridad como si la estuviera observando a través de un cristal.

Tu sencillez, tu forma de ver el mundo, tu belleza externa, tu yo interior, toda tú y a la vez toda mía, así te veo cuando mis pupilas te contemplan desde la lejanía. Eres como un regalo para los ojos de quien desea contemplarte. Pero en la intimidad de nuestra habitación solamente yo puedo llegar a conocerte a fondo y te confieso que eres como un regalo del que nunca querré deshacerme. Tal dulcemente maravillosa, tan sensible que siempre tengo ganas de abrazarte para consolarte, tan frágil que hasta temo sostenerte entre mis brazos por miedo a romperte, pero tan fuerte y valiente que muchas veces olvido quién eres en realidad y de lo que eres capaz aunque yo no esté a tu lado apoyándote. Así eres, una mujer que es capaz de hacerme perder la cabeza, la princesa de mi propio cuento de hadas, la criatura más maravillosa con la que un hombre puede soñar.

Apura esta última copa como si de la última gota de vida se tratase, porque quiero volver a casa para tenerte sólo para mí. Para contemplarte mientras sueltas tu cabello de toda atadura y te deshaces de ese molesto vestuario que oculta la verdadera forma de tu cuerpo. Quiero verte sumida en un sueño relajante, quiero memorizarte mientras tu torso desnudo se relaja en una bañera con pies de gato. No me hace falta nada más para ser feliz, porque cuando extiendo mi mano en el aire siempre encuentro la tuya ahí tendida esperándome, para entrelazar nuestros dedos sin miedo. Sé que a tu lado seré feliz, y hallaré mi propio lugar en el mundo, así que date prisa y deja que mis dedos hablen por mí esta noche. Quiero acariciarte hasta la noche se vuelva día y la luz se vuelva a convertir en oscuridad. Quiero tenerte para siempre entre mis brazos, aunque la muerte insista algún día en que debo dejarte y decirte adiós para siempre. 



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jueves, 9 de agosto de 2012

POEMA XXXV- SENTIRSE CERCA DE ELLA. AKASHA VALENTINE.

POEMA XXXV- SENTIRSE CERCA DE ELLA. AKASHA VALENTINE.

Abrazada por una multitud de cuerpos inamovibles intento fijar mi mirada sobre tu cuerpo, sin pestañear ni tan siquiera un solo segundo por miedo a perderte. Anhelando ser la copa que sostienes entre tus dedos, saboreo con la punta de mi lengua el embriagador aroma de tu perfume, mientras te llamo sin saber tu nombre con estas palabras silenciosas que pronuncio con mis labios agrietados por el dolor que me produce tenerte tan cerca y no poder tocarte con ellos. Con cierto temor, desconfianza y sospecha ladeo mi cabeza esperando encontrarme cara a cara con tu piel desnuda y tus hombros decorados por unas cintas de color negro. ¿Qué palabras serían las apropiadas para abordarte sin asustarte? ¿Qué tono debo de emplear para que me creas cuando te diga que mi destino quiere unirse al tuyo para toda la eternidad? ¿Qué sabor tendría mi boca en tu lengua y qué rastro de aroma nos quedaría después de besarnos? Demasiadas preguntas que responder en un espacio tan pequeño como este. Quiero abordarte sin prisa, pero sin pausa, quiero acercame hasta ti y susurrarte al oído que eres lo más hermoso que mis ojos han contemplado jamás. Tú y sólo tú eres la reina que ahora gobierna con mano dura mis fantasías, dejándome pequeñas migas que me conducirán hasta el reino de tu corazón.

Te confieso aquí y ahora que quiero estar contigo cada noche de mi vida, para después poder contemplar a tu lado todas las mañanas que vengan a mi existencia hasta el día de mi muerte. Quiero confesarte que puede que no siempre tengas una feliz sonrisa en los labios, pero te aseguro que haré todo lo que esté en mis manos para apartar con suma rapidez las dudas que acechan a tu mente para devolverte esos momentos de felicidad que un día la desolación quiso llevarse consigo. ¿Cómo no voy a amarte si cada vez que te miro sé que no existe luz más brillante en el firmamento que la que desprende tu alma cuando te observo desde la lejanía? ¡Dios mío! ¿Eres real? ¿De verdad existes? ¿No eres un producto de una imaginación desbordada por la locura y afectada por la pena de no ser cuerda? Un alma como la mía ¿es merecedora de este amor que está naciendo dentro de mí y que sin lugar a dudas me hará mejor persona? Una vez más demasiadas preguntas sin respuesta, actos inamovibles que esperan recibir las ordenes de cuerpo y mente. Ven, siéntate a mi lado amor mío, para que el silencio nos llene y las horas nos envidien. Te prometo, mi amor, que un día llenaremos los espacios vacíos que la tristeza ocupó con premura para reclamarlos como suyos. Nunca habrá en el mundo una persona que te ame más de lo que yo te amo, de eso puedes estar segura, así que tranquila, túmbate a mi lado hasta que el día se convierta en noche y Caronte venga a buscarnos para llevarnos a un lugar donde el miedo tiene una fuerza devastadora.

Y si con estas palabras aún no logro convencerte de que mi amor por ti es verdadero, te juro, amor mío, que haré todo cuanto esté en mis manos para poder hacerte la mujer más feliz del mundo, buscaré en los confines del universo esas palabras que tanto necesitas oír en cada momento del día, removeré con mis propias palmas cada roca de este planeta para intentar hallar las sensaciones que tanto esperas con cada segundo que se escapa de nuestras manos, buscaré en los mares y océanos más terribles esas lágrimas que un día derramaste más por dolor y angustia que por otra razón y te las devolveré sanas y salvas liberadas de cualquier tipo de carga, para que nunca te falte de nada, para que nunca más te vuelvas a sentir tan sola. Para mí no habrá distancia alguna entre el cielo y la tierra, porque si es para ti iré donde haga falta y haré todo lo que esté en mis manos para poder darte el mejor sueño que un ser humano puede anhelar. Quiero estar cerca de ti, ahora y siempre, para no sentirme tan vacío cuando esta noche te vuelva a verte marchar en brazos de otro hombre que no te ama. Ven, date prisa, date la vuelta, mírame a los ojos y deja que el universo actúe. Estoy seguro de que cuando tus ojos me miren no habrá nadie más en esta sala para ti, y entonces, sólo en ese instante, me atreveré a susurrarte todas estas palabras sin sonido y plasmadas en un viejo papel donde el olvido las consume.

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martes, 31 de julio de 2012

POEMA XXXIV- MI MUNDO SIN TI. AKASHA VALENTINE.

POEMA XXXIV- MI MUNDO SIN TI. AKASHA VALENTINE.

Como si se tratase de una densa bruma tu resplandeciente imagen se ve rápidamente emborronada por unas lágrimas que no quiero tener, mientras mis dedos se alzan en el aire con cierta desesperación intentando alcanzarte para después rogarte que no te vayas. El aroma de tu piel se desvanece, como el humo del cigarrillo que en estos momentos sostengo entre mi mano y mi boca, mientras me quedo aquí sin poder decir nada, desviando de vez en cuando la mirada para no tener que ver tu derrotado rostro a través de un viejo marco desgastado y cubierto por un cristal lleno de polvo. ¿Cómo puede la gente seguir adelante cuando la persona que más te importa te ha dicho adiós de forma repentina? A mí me resulta imposible continuar como si nada hubiera cambiado en mi vida, pues tu apresurada partida me ha dejado una sensación de vacío que nadie más puede llenar, ni con palabras, gestos o imágenes. Sólo quiero volver a estar a tu lado antes de que mi alma muera enferma de amor. Tiéndeme de nuevo esa mano que nunca fue mía pero que siempre estuvo ahí para mí. Ya sea desde el cielo o el infierno, quiero sujetarme a ella con firmeza para poder volver a estar de nuevo a tu lado, aunque sea en un mundo donde los sentimientos no tienen valor alguno.


Sabes, amor mío, ya no quiero seguir viviendo, pues la vida que se abre paso ante mis ojos no parece ser la mía, para mí esta carente de sentido, y tristemente me doy cuenta de que ya nada es lo mismo. Ojalá hubiera podido ser el dueño de tu destino, el señor de tu propio tiempo para que así nunca hubieras tenido que preocuparte de tu propia mortalidad. Odio todo cuanto me rodea, pues todo lo que tengo me recuerda a ti, y por más que intento alcanzar el cielo que un día alguien enamorado puso ahí, soy incapaz de arrancarlo con mis propias manos y así olvidar las miles de noches que pasé en vela acurrucado entre tus brazos contemplando las estrellas del firmamento e imaginando miles de sueños en los que te haría vivir un sin fin de aventuras. Estoy tan cansado, tan fatigado de no saber que hacer con este cuerpo y alma que ya nada me importa, y lo único que deseo es que la muerte venga pronto para llevarme contigo a un lugar donde el dolor no sea el timón que mueve este barco. El amor es un sentimiento caprichoso que incluso he comenzado a detestar con todas mis fuerzas, pues primero te llena de una felicidad inmesurable para después arrebatarla con violencia y brusquedad mientras piensas qué mal has podido hacer para que la vida te trate de esa manera


¡Dios mío! Cómo deseo que está noche la muerte se enamore de mi persona, para que nunca más vuelva a abrir los ojos, para que mi lecho sea a la vez mi propia tumba, que solo me siento cada vez que pienso que tú ya has partido a un lugar donde me es imposible volver a encontrarte. Nada es eterno ni duradero, este amor ya estaba destinado a su final desde el mismo día en que sujeté tu mano por primera vez entre mis dedos. Me siento cansado, harto de esperar a que vuelvas a mis sueños como si nada de esto hubiera pasado jamás. Sé que los muertos no pueden volver a la vida, que la persona que se va no debe de volver jamás, pero si alguna vez fui alguien importante ti, te ruego que acudas en mi búsqueda, pues mis pies ya están fatigados, mi boca sin aliento y mi alma tan destrozada que ya no tengo ganas de nada. Quiero llorar sin descanso, ahogar a este dolor que oprime mi ser hasta hacerme enloquecer, ya no sé quién soy o quién fui, sólo sé que soy alguien que no quería ser. Cómo me atormenta tu muerte, hasta el punto de hacerme perder el poco juicio que me queda, ojalá esta noche mi vida llegué al final, pues mi mundo sin ti está cargado de tristes recuerdos demasiado pesados como para seguir llevándolos de un lado a otro sin que me afecten.

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domingo, 29 de julio de 2012

POEMA XXXIII- BEBER DE TU BOCA. AKASHA VALENTINE.



POEMA XXXIII- BEBER DE TU BOCA. AKASHA VALENTINE.

Por qué será que cuando me siento a solas a reflexionar sobre los sentimientos que no deseo tener, la soledad embriaga mis sentidos y hace que tu imagen viva aún con más fuerza dentro de mi corazón, como si mi alma tuviera miedo a perderla, y mis simples pensamientos tuvieran pavor de perderse en un profundo abismo de oscuridad donde tu luz nunca podrá llegar. Quiero cerrar los ojos de forma repentina, para sentir el dolor de mis párpados al resquebrajarse, quiero pensar que la locura ahora es sinónimo de cordura, pues cada vez que la oscura noche roza mis labios tengo la pavorosa necesidad de volver sobre mis propias huellas para volver a encontrarte y obligarte a dejarme nuevas cicatrices que me llenen el alma de recuerdos agridulces e imperecederos. Con cada segundo que pasa, mi boca pierde una parte de tu sabor y me siento abatido, fustigado por una pena impuesta, corrompido por el tiempo y azotado por un amor no correspondido. ¿Qué se espera de mí? Me pregunto más a mí mismo que al propio objeto que refleja la borrosa imagen de un cuerpo deshecho por la adoración que te tengo. ¿Acaso soy culpable por idolatrarte, por rendirte culto como si fueras una preciosa estrella del firmamento? Hace tiempo que sé que no estoy seguro de nada, y ahora lo sé, mientras dejo que las llamas de mi ardiente cuerpo consuman estas palabras mientras divago en un viejo sofá de cuero esperando a que tu silueta vuelva a mí.

Deseo ser el estímulo de tus sentidos, la apetencia sexual que te motive a llegar más lejos de aquellos inocentes besos con los que un día de bebiste mi boca, quiero ser el motor que impulse tu cuerpo, el corazón que te guíe en este camino de incertidumbre y pasión con nombre propio. Me siento continuamente perdido, desolado en un mar de recuerdos, donde cada caricia tiene un significado, donde cada marca es un agonizante dolor placentero que no quiero perder con el paso del tiempo. Me siento agrietado por dentro cuando tu cuerpo no está dentro de mí, perdido cuando no puedo sentirte entre mis dedos, y olvidado cuando tus labios no se quedan marcados en las zonas más erógenas de mi piel. Quiero matar a esas palabras que suplican clemencia cuando estamos a punto de alcanzar el cielo, rechino entre dientes vocablos incomprensibles de poco valor que argumentan la necesidad de detenernos antes de que nuestros cuerpos acaben malheridos por el placer. Sentir cada músculo de tu piel sobre mi cuerpo desnudo es como probar la fruta prohibida una y otra vez, es alimentar un sueño que sabemos que morirá antes de que la luna llegue a su punto más álgido y sin embargo nos arriesgamos a crear falsas esperanzas en un lecho desgajado y descuidado. Siempre en alerta, temiendo que esos besos que me das sean códigos secretos en los que me anuncias tu partida, siempre pensando que este último encuentro será nuestro final, y mientras más lo pienso más me aferro a tu boca para no dejarte marchar.

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martes, 10 de julio de 2012

POEMA XXXII- VIVIR EN UN SUEÑO. AKASHA VALENTINE.

POEMA XXXII- VIVIR EN UN SUEÑO. AKASHA VALENTINE.

En un estrecho camino, cuyo asfalto no parecía estar hecho para pavimentar la calzada que había escogido al azar, encontré estrechas grietas tan largas como mi cuerpo que me hicieron detenerme para poder examinarlas con más detalle. Mis redondas pupilas, decoradas por un iris de un tono oscuro, se detuvieron sin previo aviso para contemplar aquel pequeño resquicio cuya apariencia podía ser comparada con mi devastada alma. La seguí casi de inmediato, sin darme cuenta de lo que hacía, con pequeños pasos cubiertos por el roce de mis zapatos. Aquella devastada senda de gravilla acabó chocándose frontalmente con una ramificación que se dividía en dos partes. Una vez más la vida me volvía a poner a prueba. ¿Qué camino nos diferencia de convertirnos en los ángeles de Dios, o en los hijos del infierno? Me quedé sin aliento, inmóvil, incapaz de razonar un plan que me ayudara a escapar de aquel maldito lugar. Mis diminutas manos se enredaron en mi vestido de tul blanco, cuya cintura estaba cubierta por un lazo de color lavanda que caía como una cascada a través de mi pequeña espalda. Mis dedos, cubiertos por los encajes de los guantes, rozaron aquella preciosa tela, y me di cuenta de que lo único que tenía que hacer para poder escapar de allí era escuchar a mi corazón para saber qué senda debía tomar.

Fue como un milagro, en el mismo instante que aparte el velo de las tinieblas que había comenzado a cubrir a mis ojos y a ensordecer mis oídos percibí el claro sonido que estaba buscando tan desesperadamente y que momentos antes no había podido escuchar porque el miedo me lo impedía. Era una suave melodía, tan relajante y clara que lograba que las heridas que tenía mi alma fueran cicatrizadas como si nunca hubiera estado herida. Respiré profundamente, llené mis pulmones con el limpio aire del camino que había escogido y lloré de felicidad al descubrir el denso y hermoso paisaje que ante mis ojos se abría como una bella tarjeta postal. El cielo que cubría mi cabeza estaba siendo pintando en aquellos mismos instantes por las manos de los niños que un día tuvieron que partir repentinamente de esta vida dejando atrás a sus seres queridos. Las almas más jóvenes, cuya edad era superior a la mía, plantaban sonrisas en el camino y sus voces me alegraban y me robaban tímidas sonrisas que nunca podré olvidar aunque la edad me obligue a ello. Aquel duro camino que momentos antes me había herido los pies ahora se había convertido en un mullido paseo, cuya hierba era tan verde que incluso sentí deseos de quedarme allí tumbada contemplado las estrellas que los mayores pintaban con cariño para todas aquellas almas.

Como el miedo ya no era dueño de mi ser y el pavor se había fugado sin decirme adiós, continué mi largo camino, esperando encontrarme con aquellos que un día soltaron brevemente mi mano y no supieron encontrar una palabra que me consolara ante su repentina partida. Alcé mi largo vestido y salté ríos, mares y océanos como si de simples charcos se tratasen. Escalé empinadas y fuertes paredes de piedra, subí altas montañas y conquisté los picos más importantes, y sin embargo, no encontré a quienes buscaba y la sola idea de no volver a verlos me derrumbó una vez más. Casi había perdido la esperanza de volver a verlos, cuando en la lejanía alguien me llamó por mi nombre. Aquella suave y dulce voz fue como una descarga de emociones tan intensa que no pude reprimir las lágrimas, y en aquel precioso sendero en el que me había detenido para descansar me reencontré de nuevo con aquellas personas y amigos que un día creí que no volvería a ver jamás. Hablamos, reímos, nos abrazamos y yo lloré, tantas lágrimas que hubieran llenado un océano entero, sin embargo ellos, sonrieron por mí, me animaron y me consolaron, y me entregaron un hermoso sueño del que no quería despertar. Pero la voz del más joven habló por los demás, y me dijo, con hermosas palabras: Volveremos a vernos, pero has de despertar, ya has vivido una hermosa fantasía, y es hora de volver a la realidad. Así que tuve que despedirme, pero ya no sentía vacía ni apenada. Ahora que sabía que ellos seguían viviendo en mis recuerdos, volvería a verlos cada vez que mis ojos se cerrasen y necesitase el cariño y su fortaleza para enfrentarme día a día con las adversidades que el mundo me tuviera preparadas.

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jueves, 5 de julio de 2012

POEMA XXXI- BUSCANDO EL CIELO. AKASHA VALENTINE.

POEMA XXXI- BUSCANDO EL CIELO. AKASHA VALENTINE.

Sin palabras, sin expresiones que me ayuden a dar forma a estos sentimientos, balanceo de forma intranquila mi pierna mientras dejo que los minutos se escapen de mis manos como si fueran segundos. Cierro los ojos cuando el brillo del sol me ciega de forma repentina, siento las frías manos de las sombras surcar mi pálida piel, pero estoy tranquila, mi corazón no se siente atraído por el manto de la noche, así que puedo recostarme sobre este viejo y mullido sillón mientras balanceo mi cabeza e imagino tu voz surcando mis oídos y abrazando a mi alma una vez más. Siento que el mundo no ha cambiado ni un ápice, sin embargo, yo me he visto obligada a madurar demasiado deprisa afrontando tu repentina partida, perdiendo en algún rincón de mi casa los sueños de juventud que un día me prometí que viviría a tu lado sin importar los días, meses o años que tuvieran que permanecer enmudecidos por el olvido. Y ahora que soy consecuente con mis propios actos, me doy cuenta de que soy la responsable de darle el color a la vida, de teñir el resto de mis días de intensos azules para el cielo, verdes claros para las copas de arboles, y de grises opacos para las aceras que ya no recorro sujeta de tu mano.

¿Puedes verlo amor mío? Hoy el sol brilla más que nunca en el firmamento, es la máxima expresión de felicidad que puedo regalarte, puede que el cielo que busco desesperadamente siempre haya estado ahí para mí, pero las lágrimas que empañaban mi vista no me permitían observar más allá de mi propio horizonte. La amarga tristeza que decoraba las fotografías más felices de nuestra vida, ahora se ha convertido en dulces y a su vez amargos recuerdos congelados en el tiempo, cuyas horas están contadas por los siglos, pero que en mi memoria permanecen inalterables, demostrándome una vez más que mi propia fortaleza puede vencer a cualquier adversidad. Tengo ganas de soñar contigo está noche, y la que viene, y las siguientes noches que correspondan a la primera para poder volver a verte, como aquel día, como aquella primera vez en la que cruzamos una mirada y no hicieron falta las palabras para saber que siempre estaríamos juntos. Me apetece volver a la cama para ser arropada por las sábanas que tiempo atrás surcaron tu bronceada piel mientras jugabas con ellas intentando escapar de su cálido abrazo para aferrarte con fuerza a mi pequeña figura. Quiero volver a ese lecho de amor, donde tus caricias aún siguen viviendo en mi almohada, y toman vida cuando yo cierro los ojos y me dejo llevar por ellas.

Cariño, sé que ya no te molesta que tu ropa sea arropada por mi cuerpo, endulzada por el perfume de mi piel, arrugada por mis brazos o recogida por mis manos, soy consciente de que mis actos te hacían enfadar, pero a la vez tus ojos no podían disimular el fugaz brillo que aparecía cada vez me arrojaba sobre tu cuerpo dormido robándote algo más que pequeños besos de amor. Ahora todas estas muestras de afecto me parecen recuerdos lejanos, distantes y tal vez nada personales, como si nunca me hubieran pertenecido, o no tuvieran dueño al que dar nombre. No puedo culparte de nada, pero sí lamentarme, porque siempre me quedará la extraña sensación de que pude darte más de lo que hice y no quise hacerlo por miedo a sufrir. Afligida por mi propia inseguridad bailo sin pareja esta canción sin letra, mientras intento dar sentido a estas palabras carentes de vida. Amor mío, me gustaría saber cómo es la bóveda celeste donde ahora mora tu alma, así que te ruego que cada noche de cada día de mi vida, bajes a verme y me te traigas contigo un pequeño fragmento de ella, para que nunca más me sienta sola, ni olvidada por tu persona. Esta noche cuando vengas a visitarme en mis sueños me gustaría que me dejases en la mesilla de noche una foto del cielo que ven tus ojos para que cuando la mire sepa que aún me sigues protegiendo y queriendo como el primer día.

Akasha Valentine. http://www.akashavalentine.com/akasha/


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