POEMA XLVIII- Y CUANDO NO NOS QUEDÉ NADA. AKASHA VALENTINE.
Lo
sé. Mis humildes palabras no tienen un efecto reparador en tu alma,
por eso te ofrezco algo más real y tangible, unos dedos estirados
para ser recogidos cuando tú quieras, una mano amiga con la que
puedas llegar a sentirte segura cuando el miedo se agolpe en tu
puerta y no tengas otra salida. Confiar en alguien es como caminar
sobre la cuerda floja con los ojos vendados, es dejarle mirar en lo
más profundo de tu corazón sin miedo a ser juzgado, es abrir de par
en par tu vida y esperar ser aceptado tal y como eres sin temor a ser
sentenciado por errores cometidos cuando la imprudencia hablaba en
nombre de la razón. No tengo miedo, pavor o temor a echar un vistazo
a ese corazón tuyo que con tanto recelo guardas entre tus manos, mis
sentimientos por tu persona son lo único que deseo satisfacer aún
cuando me gritas y me echas a un lado o te deshaces de mis abrazos
con frialdad. En esta fría y clara noche el viento mece algo más
que nuestros cabellos y ruego a Dios que se lleve consigo esas
lágrimas que un día derramé en tu nombre para que de esta forma
pueda seguir viéndote tal y como eres sin perderte ni un solo
momento de vista. Quisiera pactar un contrato que nos obligase a
permanecer eternamente unidos hasta el final de los tiempos, pero tú
te opondrías inmediatamente y yo sería desterrado de tu vida para
siempre, así que con un amargo sabor a derrota ejecuto mi última
jugada en estos versos escritos en prosa que te dedico con la
esperanza de revivir una vez más al antojo de tus dedos moviéndome
como el títere que siempre quise ser aún cuando los demás me
advertían del error que cometería.
En
ojo ajeno debo de parecer un ser sumiso, tiranizado por una figura
sádica como la tuya, pero todos ellos se equivocan, pues nadie te
conoce mejor que yo y he visto en ti la bondad oculta debajo de capas
y capas que visten tu piel de desconsuelo, aflicción y congoja. He
contemplado gestos tuyos que harían temblar el corazón del hombre
más duro; en ti, vida mía, he conocido el verdadero significado de
la palabra amor, y por eso me doblego ante tu voluntad para que hagas
con mi vida lo quieras. Eres mi razón de ser, el motivo por el cual
vivo, sin ti soy como un mapa vacío, un destino sin meta de llegada,
no soy nada sin tu persona y esa idea me aterra, pues ¿qué va a ser
de mí si no estoy a tu lado para complacerte cada día de mi
lamentable vida? Seré juzgado, lo sé, incluso por aquellos que ni
tan siquiera se toman un minuto de su tiempo para conocerme, pero ¿a
quién demonios le importa eso? Si te tengo aquí y ahora, conmigo,
reposando tu cabeza sobre mis hombros, lo que digan u opinen los
demás de mí carece de importancia para mi persona. Dime, ¿cómo me
ves en realidad cuando no te estoy viendo? ¿Como una pieza que
manejar a tu antojo o algo más importante? Temo preguntar, pero la
incertidumbre se vuelve cada vez más latosa y mis labios se mueven
por voluntad propia, posiblemente envenenando tus oídos con palabras
que nunca querrás oír. No quiero arruinar este momento, por eso
antes de que algo salga mal quiero que te alejes de mí, pero no te
vayas muy lejos, lo suficiente como para poder darnos tiempo y
añorarnos cuando cerremos los ojos y no podamos vernos. Qué
debilidad la mía, pues la sola idea de no tenerte cerca de mí ya me
causa desazón.
Levantaré
con mis frágiles articulaciones este negro manto que encubre nuestro
destino. Te abrazaré con fuerza aunque no quieras, seré tu guía
cuando la luz nos abandone a mitad de camino, y ya cuando no nos
quede nada por lo que seguir existiendo te ofreceré gustosamente mi
psique como pago de todo cuanto has hecho por mi persona. Soy tu fiel
sirviente, en el amor y en la batalla, un guerrero cuya armadura no
está forjada por el hierro sino que fue confeccionada con
sentimientos mucho más fuertes que el acero. Mi corazón será tu
escudo, mi cuerpo tu armadura, mis palabras tu mejor arma, por eso
sigo aquí a tu lado, dispuesto a seguirte alla donde vayas, sin
importar el camino o el rumbo a seguir. Nunca dejaré de protegerte,
aún cuando los brazos del mundo aferren con fuerza tu cuello y te
ahoguen hasta dejarte sin aliento; yo correré hasta ti para
salvarte, aunque me lleve la vida en ello. Tú, que a los ojos de la
humanidad no mereces la pena; yo seguiré afirmando que se equivocan,
romperé cada grillete, barrote o prisión en la que te encierren
para darte nuevas alas con las que poder volar a un lugar mejor. No
soltaré jamás esa diminuta mano que ahora me aferra con fuerza
mientras el abismo al que tanto tememos espera engullirnos para
saciar su hambre. Siento que nos ahogamos, el final está cerca, la
muerte nos desea y aún me sigo resistiendo a pensar que llegará el
día en el que deberemos tomar caminos separados. Quisiera pedirte un
último favor: cuando el tiempo que nos acogió se consuma en las
llamas del olvido ven a mí y susúrrame al oído una última mentira
sobre el amor, para que de esta forma pueda irme tranquilo pensando
que un día supe que me amabas de verdad.
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