viernes, 12 de diciembre de 2014

POEMA LXXII- LOS AÑOS PASADOS. AKASHA VALENTINE.


POEMA LXXII- LOS AÑOS PASADOS. AKASHA VALENTINE. 

¿Qué pensarías si te dijera que aquella tarde de Abril caminaba con la cabeza agachada e inseguro de mis propios pasos? Estoy convencido de que no me creerías, pero la timidez de mis años enrojecía a mis mejillas y hacía temblar a mis manos. Con la lengua humedecida y las piernas agarrotadas seguí ese mismo camino esperando a que algo mágico sucediera, y fue entonces cuando te vi, con la mirada perdida, tal vez fija en el horizonte, y me di cuenta de que una vida sin ti no sería lo mismo, así que me armé de valor y al llegar a ti sin previo aviso sostuve tu mano y desde entonces lo he venido haciendo sin importar las faltas que cometiésemos o los errores que con lágrimas en los ojos tuviésemos que aprender. Y aquí estamos, cariño, bajo el mismo árbol, compartiendo las mismas estaciones juntos como por aquel entonces, con distintas palabras pero las mismas emociones. Me prometí que no me rendiría, que no te dejaría caer cuando los problemas nos agobiasen. Y así hemos ido creciendo, dejando a un lado esos inseguros miedos que tiempo atrás fueron el motivo de nuestras noches de insomnio.



Todo irá bien, puedo prometértelo porque lo sé, porque la llama que mantiene viva la esperanza sigue ardiendo en mi interior, y prometo no descuidarla o extinguirla por un leve descuido al desviar mis ojos de los tuyos para contemplar otros de similar color que no son parecidos pero que comparten tu misma tonalidad. La necesidad de amarte cada día se hace más grande, y no sabes cuan angustiosa es la idea de saber que aunque te quiero más que nada en este mundo, no puedas llegar a valorar todo cuanto yo haría por ti sin que llegaras a pedírmelo. Por eso deja que el tiempo se escape entre nuestros dedos llevándose consigo recuerdos y sensaciones que no me importaría volver a repetir bajo este manto amarillento de hojas secas, tan propias de la estación. Estaremos bien, nada malo podrá sucedernos, voy a conseguir llevar a mis sueños lejos, a un lugar que incluso después de muerto seguirá estando sólo para ti y para mí. Es el momento, cariño, sigue sujeta a mi cintura, aún nos quedan muchos años por los que vivir y muchas sensaciones que experimentar.

Akasha Valentine 2014 © http://www.akashavalentine.com


NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2014 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.      
  

martes, 4 de noviembre de 2014

POEMA LXXI- FOTOGRAFÍAS AUSENTES. AKASHA VALENTINE.



POEMA LXXI- FOTOGRAFÍAS AUSENTES. AKASHA VALENTINE. 

Acumulando polvo están las emociones, los sueños sin cumplir, las palabras encajonadas, guardadas en cajas de cartón que, apiladas sin rótulos ni títulos, viven calladas guardando silencio, por miedo a que mi tono de voz se descontrole, temiéndose cada instante lo peor. Pero aunque quiera echar al olvido cada fragmento de una vida en común, mis pies se niegan a obedecerme y mis manos tiemblan, y los cortos escalones de la escalera me parecen enormes peldaños que me separan de mi propósito, así que ni subo ni bajo y condeno a los segundos a ser horas errantes entre las indecisiones y los sobresaltos.


Mi corazón finge no sentir dolor alguno al rememorar que tiempo atrás los marcos que ahora cuelgan vacíos de las paredes del hogar tuvieron tu fotografía y la mía. Momentos mágicos, que al ayer ya no parecen importarle demasiado, y ya nada puedo hacer o decir para aliviar ese pesar que a todos carga por igual excepto a ti, que vives alejado de toda esta pena, ausente de este dolor que no te quema, ni te hiere ni te duele. Y ojalá me dedicaras un breve instante, un segundo de tu perfecta vida para aligerar mi carga, para aliviar esta pesada sensación que nada siempre en favor de la corriente de pensamientos que llenan mi mente cada vez que tu nombre es pronunciado en boca de rostros extraños que ni me suenan y tampoco hago el sobreesfuerzo para recordarlos.


Irreal era la atosigada sensación que al contacto con tus manos sentía, al no entender por qué tus dedos no encajaban con los míos, por qué nada funcionaba si me esforzaba en sostenerlos hasta que me dolían las extremidades y cuanto más me afanaba por cogerte y no soltarte, más sentía que estábamos cayendo en picado y debíamos de esforzarnos por dejar de cogernos. Y débilmente nos rendimos, porque yo ya no tenía fuerzas para seguir luchando por ti, y tú ya no tenías ganas de seguir tejiendo sueños mentirosos que nunca harías realidad. Y nos fuimos distanciando, culpándonos de los errores, aun siendo conscientes de que ninguno de los dos tenía la culpa de hacer lo que hicimos, porque en el fondo queríamos ser libres de esos grilletes que erróneamente nos atamos para estar unidos.

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martes, 29 de julio de 2014

POEMA LXX- EL CAZADOR DEL TIEMPO. AKASHA VALENTINE.


POEMA LXX- EL CAZADOR DEL TIEMPO. AKASHA VALENTINE. 

Frágiles son ya los ojos con los que miro el mundo, pues siento que mis pupilas viven cansadas y ya no se esfuerzan como cuando era joven en volver a leer una y otra vez esas líneas que al pie del libro de notas escribí para ti. Y entre mis dedos he dejado pasar viejas fotografías cuyo juvenil rostro ya hace años que perdí, y en mis recuerdos ya no queda ni un ápice de cómo era mi cara antes de que las arrugas formaran sus líneas en mi curtida piel. Lo que un día perdí ya no lo puedo recuperar, pues la niñez nos abandona con demasiada rapidez, y la juventud y madurez son dos periodos que viví sin descanso alguno a los pies de la falda de la montaña donde me crié. A menudo me agobiaba el constante recuerdo de lo que pude ser y no fui, de lo que pude tener y no aprendí a trabajar por ello, y a veces me veo culpando a otros hombres de los errores que yo mismo cometí.


Quisiera cazar al tiempo, pero es una presa imposible de adquirir, siempre errante y en movimiento, llevándome la delantera, y cuando creo que la tengo entre mis manos el sueño me vence y allí es donde te recupero, viendo tu vestido mecerse por el viento, tu sonrisa bajo un sol caliente sin llegar a abrasarte, siempre riéndote sin descanso como si la muerte no te hubiera callado nunca. Es allí donde quiero encontrarte, donde ansío vivir contigo, y por mucho que camine, ande, corra o dé zancadas, no hallo en está tierra la falda de la montaña, ni la ladera adecuada, la piedra o el río donde estás esperándome para recogerme entre tus brazos y darme de nuevo la bienvenida con tus labios. He aprendido mucho desde que te fuiste a ese lugar donde las campanas danzan, donde los atrapasueños bailan mecidos por el viento, donde la tierra devora a los muertos. Es allí donde iré a buscarte.


Con mis zapatos gastados y la funda de mi guitarra remendada cantaré al aire y bailaré a los pies de una hoguera, siempre solo y en raras ocasiones acompañado de las pocas personas que quieran oír la historia que he de contarles. Ojalá el tiempo no se escondiera de mí y la noche fuese en mí vida eterna, para así volver a verte de nuevo donde quiero encontrarte. A veces tengo la sensación de que tu mano sigue ahí aunque ya no tenga la misma forma, pues en los campos de trigo las espigas me tocan las puntas de las yemas y siento que debo darme la vuelta para verte de nuevo, aunque al instante comprenda que ya no estás aquí conmigo y vuelva la cabeza para seguir buscándote. He visto paisajes tan hermosos y bellos que sólo eran comparables al color de tus ojos, la forma de tus cabellos, la figura de tu cuerpo; he bebido de ríos y charcos que al instante me recordaron el frío y mortecino sabor de tus labios antes de ser enterrada para siempre donde la tierra no puede devolverte la vida y mis brazos no pueden desenterrarte para tocarte. Y al ser consciente de tu partida he llorado a las estrellas y he vertido lágrimas en el mar, como muchos otros hombres y mujeres lo hicieron antes que yo, y así he ido hacia delante intentando cazar a esos segundos que corren en mi contra para traerte de vuelta a la vida para siempre, amada mía.



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lunes, 16 de junio de 2014

POEMA LXIX- EN LA NOSTALGIA DEL TIEMPO. AKASHA VALENTINE.


POEMA LXIX- EN LA NOSTALGIA DEL TIEMPO. AKASHA VALENTINE. 

Qué difícil es levantarse cada día buscando un motivo por el que vivir. Pues hasta ayer tú eras mi presente y mi futuro y ahora debo conformarme con sólo recordarte con un puñado de imágenes que aún en mi cabeza permanecen desordenadas y pienso que tal vez habría estado bien si te hubiese dedicado un par de minutos aquel día, unos segundos en aquel momento, unas horas en ese lugar e incluso unos días sólo para ti en el calendario con la esperanza de hacerte sentir única y especial. Pero ahora que lo sé ya es demasiado tarde para colocar con mis dedos tus cabellos despeinados por el aire de la playa y besarte momentos después sin previo aviso cuando el sol estuviese a los pies de falda y la espuma del mar tocando las yemas de tus dedos, con la arena fija en tu piel y tu corazón latiendo eufórico y sin descanso sólo para hacerme feliz.

Ahora sé cuanto duele mirarte sin poder verte e la cara, sólo a través de viejas fotografías en las que congelados en el tiempo me recuerdan de manera constante que fuimos uno solo en aquella época, y ahora que me doy cuenta de que ese unidad ya no está ahí, y me rompe el alma y me provoca un sin fin de emociones con las que me cuesta lidiar. Me hubiese gustado sollozar sin descanso entre tus brazos, cuando oí de tu boca a la repentina realidad hablar en tu nombre, y es que aunque ahora te dijese como me siento o lo mucho te amo, siento que en tu vida ya no tengo razones ni motivos por los que merezca estar, así que me veo obligado a seguir caminando con la mirada fija y sin poder volverla atrás, para no desmoronarme y perder el rumbo de la realidad. Sería para mi como un regalo caído del cielo encontrar esa emoción que anclada en el ayer me devolviese aquello que perdí, pero no logró encontrarla aunque la he buscado con tesón y persistencia en todos los rincones del mundo en los que estuve contigo, tal vez, sólo sea yo la única persona interesada en encontrarla, y por eso no soy capaz de hallarla porque tú no estás aquí para ayudarme.

Ojalá te vaya bien en la vida, donde espero que nada te haga llorar. Me gustaría saber si sigues mirando con el mismo interés al futuro, si aún conservas esos sueños de los que en el silencio de la noche solías hablarme antes de dormir, si aún te siguen asustando esos miedos que no eras capaz de vencer, o si te gustan las mismas cosas que hasta ayer te emocionaban como a ninguna otra persona. A veces me pregunto qué imagen tendrá tu cara cuando terminas de leer un nuevo libro, o la forma en la que tus dedos se articulan para sostener esa taza de café en la mañana cuando apoyas los brazos sobre la ventana para contemplar el amanecer. Resulta raro seguir pensando en ti de esta manera, pero es que tú dejaste en mí una huella imborrable de la que no me quiero deshacer con facilidad. Por eso te pido que si alguna vez añoras a las nostalgia, aunque sólo sea durante un instante, le pidas al tiempo pasado que vuelva a ser presente y a mi corazón tu futuro, para darme de nuevo una nueva oportunidad y un sentido por el que merezca seguir viviendo hasta el final de mis días.

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lunes, 9 de junio de 2014

POEMA XLVIII- SUEÑOS BAJO LA ALMOHADA. AKASHA VALENTINE.


POEMA XLVIII- SUEÑOS BAJO LA ALMOHADA. AKASHA VALENTINE. 

Quiero yacer en un sueño del que nunca más vuelva a despertar, para después volver a revivir en un mundo completamente diferente al que atrás deje, donde tu voz sigue siendo tuya y en tus labios pueda llegar a oír mi nombre cuando me llames, para posteriormente alcanzarte con las yemas de mis dedos y tocarte con las puntas de éstos, ser cobijada entre tus brazos y descansar mis pensamientos sobre tu pecho. Quiero vivir en un espacio donde la juventud no envejezca y las horas no condenen a las promesas que se quedaron ancladas en el pasado y que aún esperan su oportunidad. No quiero dejar caer mis párpados para tapar así en mis ojos esas lágrimas que nunca debieron nacer en ellos, y mucho menos ansío llevarme conmigo esas palabras de dolor y sufrimiento que entre los muros de las calles se quedaron como sombras penitentes esperando mi regreso. Anhelo con desesperación la forma en la que mi figura se movía entre el aire, tu cuerpo y las sábanas, donde los abrazos nunca tenían un final y los besos siempre seguían caminos diferentes hasta llegar al punto de inicio, donde volvían a empezar.


Tal vez esté pidiendo demasiado, pero es que si no te tengo aquí a mi lado siento que no puedo nadar contra corriente, y las palabras de aquellos que me rodean lo único que logran es traerme dolor y malas sensaciones, pues al nombrarte no te hacen justicia y al no mencionarte me hieren, pues ellos ni tan siquiera se molestaron en conocerte. Y así paso los días, imaginándote en cada esquina de la casa, buscándote con desesperación allá donde quiera qué hayas podido estar. Y mis labios siempre te llaman, pero mi boca no puede callar por más qué le implore hacerlo, pues bien sé que los muertos de la tierra no se pueden levantar, y nunca más volverás a beber de mi lengua estos besos que sólo en sueños puedes alcanzar. Por ello sólo quiero decirte que me perdones por no haber sido capaz de ser más fuerte cuando en realidad sólo tenía que haber seguido mirando hacia delante. Quizás, y aunque no estoy del todo segura, tú siempre fuiste y serás mi brújula, la que guio mi destino sin llegar a saberlo; y tú sin decírmelo te fuiste de mi lado, mi amor, dejándome perdida en mitad del camino.


Akasha Valentine 2014 © http://www.akashavalentine.com

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martes, 20 de mayo de 2014

POEMA LXVII- MI SOLITARIA VIDA. AKASHA VALENTINE.


POEMA LXVII- MI SOLITARIA VIDA. AKASHA VALENTINE. 

Acumulando polvo están los sueños que nunca hicimos realidad. Ocultos a la vista en viejas cajas de cartón, aparcados en una esquina de la casa que nunca llegamos a compartir en la buhardilla comunitaria. Allí dejé antes de irme notas de papel convertidas en pájaros sin alas, sujetos por las esquinas de los tejados, las cartas de amor que un día con pasión me escribiste, pero ahora ya no significan nada, pues sólo son agua de borrajas en mi corazón. El rumbo que tomamos ahora tiene caminos distintos, cuando yo voy al Norte tú estás en el Sur y si yo me dirijo al Oeste tú ya estás en el Este, y nunca tenemos un punto cardinal en el que encontrarnos para hablar sobre lo que pudo ir mal. A veces sé que pienso en demasiadas cosas, y otras veces mi cabeza está tan cansada que ya no quiere meditar por más tiempo en qué momento nos pudimos equivocar.


Mucho antes de conocerte creía en el amor verdadero, ahora sé que el amor es sólo una ilusión que vive encerrada en los libros de lomos gruesos escritos por mujeres de mediana de edad que viven las vidas de sus protagonistas como si fueran las suyas propias. E, infatigable, me he vuelto una lectora habitual de esos sueños que se venden en papel y que a mí me gusta coleccionar en los estantes que cuelgan de la pared, donde cada día vivo una vida diferente a la mía para no tener que enfrentarme a la verdad de los hechos y es que tú no eres igual a ellos, a esos protagonistas que regalan a sus mujeres risas y besos, caricias y sueños que al final de la página se harán realidad. Pero debo conformarme con lo poco que me queda ya, pues me has hecho darme cuenta de que sólo era una chica de pueblo inocente que creyó en las promesas de un vulgar ladrón de ciudad.

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sábado, 19 de abril de 2014

POEMA LXVI- AL PIE DEL RÍO. AKASHA VALENTINE.


POEMA LXVI- AL PIE DEL RÍO. AKASHA VALENTINE. 

No me quiero entretener más de la cuenta explicando los motivos que me han llevado a iniciar tan largo viaje, pero lo hecho, hecho está y no puedo rectificar mis errores, así que he cogido la mano de mi pequeña Sharon y la he apretado con fuerza contra mis grandes dedos para que sienta mi cariño por ella, para que vea que lo que hice aquel día era por su propio bien. Y aun así no pude evitar dejar escapar una lágrima por el rabillo del ojo desde el que no podía ver, y sentí como mi corazón se volvía una carga, así que me lo quité de encima y sin emociones emprendí mi largo viaje con un único billete: sólo ida.


De piedra en piedra fui saltando el traicionero río, y nadé en algunas ocasiones para tomar tierras vírgenes donde ningún hombre antes había posado sus piernas. Al pie del fuego cantaba canciones con mi armónica y a las estrellas se las entregaba con la dirección de mi hija Sharon para que cuando las viera desde su cama pensara en mí, aunque posiblemente su madre se las quitase de la cabeza nada más oírla tararear pronunciando mi nombre en las estrofas con un “te quiero al final, daddy”. Añoro el tacto de la piel de mi niña, o la forma en la que solía abrazar mis piernas nada más despertarse. Pero en este viaje de miles de kilómetros sin retorno mi preciosa pequeña no puede seguir a su príncipe azul ahora convertido en prófugo.


Y así, con el amargo sabor de una despedida, seco mi garganta en bares clandestinos donde los sueños se ahogan en copas sucias y cargadas de alcohol barato mientras cientos de hombres y mujeres como yo narran su trágico destino al camarero que no les presta atención desde el otro lado de la barra del bar, pues él ya tiene sus propios problemas de dinero. Si he de decir algo de mi equipaje, es que es tan ligero que siempre lo llevo puesto y alguna vez algún buen samaritano me regala una camisa o un vaquero con el que vestirme y dejar atrás mis desgastadas y malolientes prendas. Duermo donde se me permite hacerlo, en las esquinas de las calles o sobre la fresca hierba de los campos que a mi hija tanto le hubiera gustado ver.



No puedo quitarme de encima la tremenda carga que pesa sobre mis hombros, y es que aquella trágica noche donde mi destino se truncó para siempre le quité la vida a un hombre de familia que como yo sólo hacía su trabajo. Fue el error de creer que iba a atacarme tras una pelea lo que me impulsó a empujarle hacia atrás, y cayó al pie de la cantera donde su cuerpo se fracturó y su boca de sangre se le llenó. Y tan cobarde fui que huí sin prestarle ayuda, sin asegurarme de si aún seguía vivo; tenía miedo de que me condenaran por error y así fue como emprendí este viaje sin retorno al pie del río donde el incesante sonido me recuerda a mi destino, pues siempre resonará en mi cabeza el grito de aquel hombre cayendo al vacío intentando aferrarse a mi mano sin llegar a conseguirlo.

Akasha Valentine 2014 © http://www.akashavalentine.com

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