domingo, 29 de julio de 2012

POEMA XXXIII- BEBER DE TU BOCA. AKASHA VALENTINE.



POEMA XXXIII- BEBER DE TU BOCA. AKASHA VALENTINE.

Por qué será que cuando me siento a solas a reflexionar sobre los sentimientos que no deseo tener, la soledad embriaga mis sentidos y hace que tu imagen viva aún con más fuerza dentro de mi corazón, como si mi alma tuviera miedo a perderla, y mis simples pensamientos tuvieran pavor de perderse en un profundo abismo de oscuridad donde tu luz nunca podrá llegar. Quiero cerrar los ojos de forma repentina, para sentir el dolor de mis párpados al resquebrajarse, quiero pensar que la locura ahora es sinónimo de cordura, pues cada vez que la oscura noche roza mis labios tengo la pavorosa necesidad de volver sobre mis propias huellas para volver a encontrarte y obligarte a dejarme nuevas cicatrices que me llenen el alma de recuerdos agridulces e imperecederos. Con cada segundo que pasa, mi boca pierde una parte de tu sabor y me siento abatido, fustigado por una pena impuesta, corrompido por el tiempo y azotado por un amor no correspondido. ¿Qué se espera de mí? Me pregunto más a mí mismo que al propio objeto que refleja la borrosa imagen de un cuerpo deshecho por la adoración que te tengo. ¿Acaso soy culpable por idolatrarte, por rendirte culto como si fueras una preciosa estrella del firmamento? Hace tiempo que sé que no estoy seguro de nada, y ahora lo sé, mientras dejo que las llamas de mi ardiente cuerpo consuman estas palabras mientras divago en un viejo sofá de cuero esperando a que tu silueta vuelva a mí.

Deseo ser el estímulo de tus sentidos, la apetencia sexual que te motive a llegar más lejos de aquellos inocentes besos con los que un día de bebiste mi boca, quiero ser el motor que impulse tu cuerpo, el corazón que te guíe en este camino de incertidumbre y pasión con nombre propio. Me siento continuamente perdido, desolado en un mar de recuerdos, donde cada caricia tiene un significado, donde cada marca es un agonizante dolor placentero que no quiero perder con el paso del tiempo. Me siento agrietado por dentro cuando tu cuerpo no está dentro de mí, perdido cuando no puedo sentirte entre mis dedos, y olvidado cuando tus labios no se quedan marcados en las zonas más erógenas de mi piel. Quiero matar a esas palabras que suplican clemencia cuando estamos a punto de alcanzar el cielo, rechino entre dientes vocablos incomprensibles de poco valor que argumentan la necesidad de detenernos antes de que nuestros cuerpos acaben malheridos por el placer. Sentir cada músculo de tu piel sobre mi cuerpo desnudo es como probar la fruta prohibida una y otra vez, es alimentar un sueño que sabemos que morirá antes de que la luna llegue a su punto más álgido y sin embargo nos arriesgamos a crear falsas esperanzas en un lecho desgajado y descuidado. Siempre en alerta, temiendo que esos besos que me das sean códigos secretos en los que me anuncias tu partida, siempre pensando que este último encuentro será nuestro final, y mientras más lo pienso más me aferro a tu boca para no dejarte marchar.

Akasha Valentine. http://www.akashavalentine.com/akasha/


NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2012 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.

martes, 10 de julio de 2012

POEMA XXXII- VIVIR EN UN SUEÑO. AKASHA VALENTINE.

POEMA XXXII- VIVIR EN UN SUEÑO. AKASHA VALENTINE.

En un estrecho camino, cuyo asfalto no parecía estar hecho para pavimentar la calzada que había escogido al azar, encontré estrechas grietas tan largas como mi cuerpo que me hicieron detenerme para poder examinarlas con más detalle. Mis redondas pupilas, decoradas por un iris de un tono oscuro, se detuvieron sin previo aviso para contemplar aquel pequeño resquicio cuya apariencia podía ser comparada con mi devastada alma. La seguí casi de inmediato, sin darme cuenta de lo que hacía, con pequeños pasos cubiertos por el roce de mis zapatos. Aquella devastada senda de gravilla acabó chocándose frontalmente con una ramificación que se dividía en dos partes. Una vez más la vida me volvía a poner a prueba. ¿Qué camino nos diferencia de convertirnos en los ángeles de Dios, o en los hijos del infierno? Me quedé sin aliento, inmóvil, incapaz de razonar un plan que me ayudara a escapar de aquel maldito lugar. Mis diminutas manos se enredaron en mi vestido de tul blanco, cuya cintura estaba cubierta por un lazo de color lavanda que caía como una cascada a través de mi pequeña espalda. Mis dedos, cubiertos por los encajes de los guantes, rozaron aquella preciosa tela, y me di cuenta de que lo único que tenía que hacer para poder escapar de allí era escuchar a mi corazón para saber qué senda debía tomar.

Fue como un milagro, en el mismo instante que aparte el velo de las tinieblas que había comenzado a cubrir a mis ojos y a ensordecer mis oídos percibí el claro sonido que estaba buscando tan desesperadamente y que momentos antes no había podido escuchar porque el miedo me lo impedía. Era una suave melodía, tan relajante y clara que lograba que las heridas que tenía mi alma fueran cicatrizadas como si nunca hubiera estado herida. Respiré profundamente, llené mis pulmones con el limpio aire del camino que había escogido y lloré de felicidad al descubrir el denso y hermoso paisaje que ante mis ojos se abría como una bella tarjeta postal. El cielo que cubría mi cabeza estaba siendo pintando en aquellos mismos instantes por las manos de los niños que un día tuvieron que partir repentinamente de esta vida dejando atrás a sus seres queridos. Las almas más jóvenes, cuya edad era superior a la mía, plantaban sonrisas en el camino y sus voces me alegraban y me robaban tímidas sonrisas que nunca podré olvidar aunque la edad me obligue a ello. Aquel duro camino que momentos antes me había herido los pies ahora se había convertido en un mullido paseo, cuya hierba era tan verde que incluso sentí deseos de quedarme allí tumbada contemplado las estrellas que los mayores pintaban con cariño para todas aquellas almas.

Como el miedo ya no era dueño de mi ser y el pavor se había fugado sin decirme adiós, continué mi largo camino, esperando encontrarme con aquellos que un día soltaron brevemente mi mano y no supieron encontrar una palabra que me consolara ante su repentina partida. Alcé mi largo vestido y salté ríos, mares y océanos como si de simples charcos se tratasen. Escalé empinadas y fuertes paredes de piedra, subí altas montañas y conquisté los picos más importantes, y sin embargo, no encontré a quienes buscaba y la sola idea de no volver a verlos me derrumbó una vez más. Casi había perdido la esperanza de volver a verlos, cuando en la lejanía alguien me llamó por mi nombre. Aquella suave y dulce voz fue como una descarga de emociones tan intensa que no pude reprimir las lágrimas, y en aquel precioso sendero en el que me había detenido para descansar me reencontré de nuevo con aquellas personas y amigos que un día creí que no volvería a ver jamás. Hablamos, reímos, nos abrazamos y yo lloré, tantas lágrimas que hubieran llenado un océano entero, sin embargo ellos, sonrieron por mí, me animaron y me consolaron, y me entregaron un hermoso sueño del que no quería despertar. Pero la voz del más joven habló por los demás, y me dijo, con hermosas palabras: Volveremos a vernos, pero has de despertar, ya has vivido una hermosa fantasía, y es hora de volver a la realidad. Así que tuve que despedirme, pero ya no sentía vacía ni apenada. Ahora que sabía que ellos seguían viviendo en mis recuerdos, volvería a verlos cada vez que mis ojos se cerrasen y necesitase el cariño y su fortaleza para enfrentarme día a día con las adversidades que el mundo me tuviera preparadas.

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jueves, 5 de julio de 2012

POEMA XXXI- BUSCANDO EL CIELO. AKASHA VALENTINE.

POEMA XXXI- BUSCANDO EL CIELO. AKASHA VALENTINE.

Sin palabras, sin expresiones que me ayuden a dar forma a estos sentimientos, balanceo de forma intranquila mi pierna mientras dejo que los minutos se escapen de mis manos como si fueran segundos. Cierro los ojos cuando el brillo del sol me ciega de forma repentina, siento las frías manos de las sombras surcar mi pálida piel, pero estoy tranquila, mi corazón no se siente atraído por el manto de la noche, así que puedo recostarme sobre este viejo y mullido sillón mientras balanceo mi cabeza e imagino tu voz surcando mis oídos y abrazando a mi alma una vez más. Siento que el mundo no ha cambiado ni un ápice, sin embargo, yo me he visto obligada a madurar demasiado deprisa afrontando tu repentina partida, perdiendo en algún rincón de mi casa los sueños de juventud que un día me prometí que viviría a tu lado sin importar los días, meses o años que tuvieran que permanecer enmudecidos por el olvido. Y ahora que soy consecuente con mis propios actos, me doy cuenta de que soy la responsable de darle el color a la vida, de teñir el resto de mis días de intensos azules para el cielo, verdes claros para las copas de arboles, y de grises opacos para las aceras que ya no recorro sujeta de tu mano.

¿Puedes verlo amor mío? Hoy el sol brilla más que nunca en el firmamento, es la máxima expresión de felicidad que puedo regalarte, puede que el cielo que busco desesperadamente siempre haya estado ahí para mí, pero las lágrimas que empañaban mi vista no me permitían observar más allá de mi propio horizonte. La amarga tristeza que decoraba las fotografías más felices de nuestra vida, ahora se ha convertido en dulces y a su vez amargos recuerdos congelados en el tiempo, cuyas horas están contadas por los siglos, pero que en mi memoria permanecen inalterables, demostrándome una vez más que mi propia fortaleza puede vencer a cualquier adversidad. Tengo ganas de soñar contigo está noche, y la que viene, y las siguientes noches que correspondan a la primera para poder volver a verte, como aquel día, como aquella primera vez en la que cruzamos una mirada y no hicieron falta las palabras para saber que siempre estaríamos juntos. Me apetece volver a la cama para ser arropada por las sábanas que tiempo atrás surcaron tu bronceada piel mientras jugabas con ellas intentando escapar de su cálido abrazo para aferrarte con fuerza a mi pequeña figura. Quiero volver a ese lecho de amor, donde tus caricias aún siguen viviendo en mi almohada, y toman vida cuando yo cierro los ojos y me dejo llevar por ellas.

Cariño, sé que ya no te molesta que tu ropa sea arropada por mi cuerpo, endulzada por el perfume de mi piel, arrugada por mis brazos o recogida por mis manos, soy consciente de que mis actos te hacían enfadar, pero a la vez tus ojos no podían disimular el fugaz brillo que aparecía cada vez me arrojaba sobre tu cuerpo dormido robándote algo más que pequeños besos de amor. Ahora todas estas muestras de afecto me parecen recuerdos lejanos, distantes y tal vez nada personales, como si nunca me hubieran pertenecido, o no tuvieran dueño al que dar nombre. No puedo culparte de nada, pero sí lamentarme, porque siempre me quedará la extraña sensación de que pude darte más de lo que hice y no quise hacerlo por miedo a sufrir. Afligida por mi propia inseguridad bailo sin pareja esta canción sin letra, mientras intento dar sentido a estas palabras carentes de vida. Amor mío, me gustaría saber cómo es la bóveda celeste donde ahora mora tu alma, así que te ruego que cada noche de cada día de mi vida, bajes a verme y me te traigas contigo un pequeño fragmento de ella, para que nunca más me sienta sola, ni olvidada por tu persona. Esta noche cuando vengas a visitarme en mis sueños me gustaría que me dejases en la mesilla de noche una foto del cielo que ven tus ojos para que cuando la mire sepa que aún me sigues protegiendo y queriendo como el primer día.

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miércoles, 27 de junio de 2012

POEMA ESPECIAL. UNA MELODÍA PARA EL AMOR. AKASHA VALENTINE.

POEMA ESPECIAL. UNA MELODÍA PARA EL AMOR. AKASHA VALENTINE.

Los sueños no son efímeros, y mi amor por ti tampoco es un sentimiento pasajero que se olvida cuando cierras la maleta y no vuelves a verlo en mucho tiempo. No puedo soltar tu mano aunque ruegues clemencia y espacio, pues estoy casi segura de que en cuanto la libere ya no volveré a verte, y me angustia esa tonta necesidad de estar ahí siempre para protegerte. Ojalá no existiera la palabra adiós en el diccionario del amor porque cuando la oigo pronunciar de tus labios es como una punzada que se clava en lo más profundo de mi alma y me desgarra hasta dejarme sin esencia o ganas de nada. Los momentos más felices de mi vida solamente los quiero vivir a tu lado, porque aunque suene demasiado egoísta y desagradecido he de confesarte que no me importa nadie más si te tengo aquí a mi lado. Aunque nos quedemos sin palabras para intercambiarnos, con los gestos de ternura que nos regalemos cada segundo de nuestras vidas tendremos más que suficiente para subsistir todas las vidas que queramos. Cariño, existe un enorme vacío en mi cama cada vez que me voy a dormir, y sólo puedo pensar en ti y en las horas que aún me quedan por combatir antes de que pueda rescatarte de las temidas garras del tiempo, y aunque debería conformarme con tener tus fotografías plasmadas en papel me siento vulnerable cuando fijo mi mirada en esos ojos que me miran sin poder verme y en esos brazos que tanto deseo que me estrechen hasta dejarme sin aliento mientras muero en ellos crucificada por tus besos y esas palabras que han sido creadas sólo para mis oídos.


¿Cómo puede la gente hablar de separarse cuando la sola idea de tenerle lejos de mi lado ya significa la muerte de mi alma? No me puedo explicar por qué las personas no se detienen durante una milésima de segundo para compartir una caricia o una sonrisa con la persona de la que tiempo atrás se enamoraron irremediablemente. ¿Porque me siento tan vulnerable cuando no tengo noticias de tu persona y veo que el mundo que se abre paso bajo nuestros pies deja correr ríos de sangre con las heridas de aquellos a quienes a amamos? No quiero derramar más lágrimas innecesarias, pero estas amargas palabras me invitan a ello, a que me exprese sin reparo alguno, a que juzgue sin miedo de ser juzgada, a que maldiga a aquellos que nos atemorizan y odie a la muerte por ser simplemente ella, la causante de mis penas y de mis desgracias. Quisiera tenerte protegido de forma constante en el interior de mi corazón, a salvo de todo cuanto nos rodea, pero sé que es imposible atrapar a tu alma y pedirle que de forma voluntaria viva en mi interior de forma eterna, porque entonces esa prisión que con tanto afán y amor he construido para ti con el único fin de protegerte acabaría por volverte loco y terminaría por separarnos aún más. Así que te pregunto, amor mío, con la mano en el corazón y el alma en un puño ¿qué debería hacer para sentirme tranquila aún siendo consciente de que nuestro amor simplemente será como un soplo de aire fresco en este eterno mundo que nos rodea? ¿Qué nos hace a ti y a mi especiales para que Dios nos conceda la oportunidad de reencarnamos hasta el final de los tiempos y nos ayude a encontrarnos sin importar las épocas o los siglos con los que tengamos que lidiar? ¿Qué somos el uno para el otro que nos impulsa a buscarnos día tras día con el único fin de sentirnos completos cuando estamos juntos?


No entiendo las reglas del amor, pues un día llegaste a mi vida sin previo aviso y otro día tienes que alejarte de mi lado porque tu destino te espera para ampliar nuevos horizontes que te harán mejor persona. No puedo lidiar con un futuro tan incierto, pero tampoco deseo dejarte marchar y cargar con el pesado lastre que significa tener un corazón roto. Creo que en el amor no tendría que haber reglas, ni fechas, ni nombres o sexos, simplemente tendrían que dejar que las almas gemelas se unieran para siempre y fueran felices sin importar nada más. Porque al fin y al cabo, amar y ser amado es un regalo al que muy pocos tenemos acceso y si no le damos el valor suficiente o la importancia que se merece al final de nuestras vidas acabaremos por lamentarlo. Así que, cariño, date prisa y deja lo que estés haciendo en estos momentos. Mis brazos te añoran, mis piernas tiemblan y mis labios se desesperan pues están deseando que vengas corriendo hasta mí y te coloques a mi lado para que los beses hasta dejarlos desgastados. Puede que ya me lo hayas dicho, pero quiero volver a oírlo de tu boca, esas dos palabras que me hacen única en tus ojos y especial en tu corazón, quiero ser mecida entre tus brazos mientras me hablas del amor y me cantas esta hermosa canción dedicada a los sentimientos. Quiero que me digas que me quieres una vez más antes de que la luna despunte en el cielo y la muerte se acuerde que aún seguimos vivos y amándonos de la manera más hermosa posible que existe.

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lunes, 4 de junio de 2012

POEMA XXX- LOS RECUERDOS QUE SE QUEDARON OLVIDADOS EN UN BANCO Y ECHARON RAÍCES EN EL OLVIDO. AKASHA VALENTINE.

POEMA XXX- LOS RECUERDOS QUE SE QUEDARON OLVIDADOS EN UN BANCO Y ECHARON RAÍCES EN EL OLVIDO. AKASHA VALENTINE.

Esta noche el cielo parece estar cubierto de una bruma de luces intermitentes cuyos banales colores no me agradan y sin embargo sienten la terrible necesidad de acariciar de forma incesante mis pupilas hasta lograr desgastarlas. Bajo una fachada casi perfecta finjo ser quien no soy y a su vez anhelo ser el papel que interpreto, pues bajo esta apariencia imperfecta escondo a un alma atormentada por los estragos del tiempo. Abrazado por la oscuridad de mi propio espíritu, anclo mis pies en una pequeña baldosa de piedra mientras aspiro con violencia el aroma de este último cigarrillo que poco a poco se va consumiendo hasta que no quedan más que simples cenizas entre mis dedos de un tono gris apagado que me recuerdan la vida que un día tuve y que se fue en un abrir y cerrar de ojos. Ya no consigo recordar el tamaño que poseía tu figura, he olvidado casi por completo el color de tus cabellos, el diámetro de tus ojos, la tonalidad de tu piel, pero lo que no he sido capaz de olvidar han sido las heridas que me produjeron tus palabras cuando me dijiste por última vez adiós.


Quiero vivir en un lugar donde los sueños no tengan fecha de caducidad. En un pequeño habitáculo donde pueda estar siempre acompañado de tus más humildes recuerdos. Donde el deseo tenga tu nombre escrito bajo la piel, un emplazamiento en el que me sea posible imaginarte completamente desnuda en mi cama sin importar si es de día o de noche. Me gustaría ser siempre el único motivo que deseas cada mañana para ponerte en pie, para poder darle a mi vida el significado que se merece. Pero sin embargo, todos sabemos que en el amor existen unas reglas que no se pueden quebrantar, y como yo lo he hecho ahora sufro las consecuencias de mi mala jugada y en lugar de poder arroparte cada noche lo único que te entrego es el dolor de mi alma para que te cubra con su ásperas y huesudas manos hasta hacerte enloquecer. Soy el demonio que nunca quise ser, el traidor que se ganó el odio de tu corazón, el ladrón que robó tu esperanza, el ingrato que no supo valorar en ningún momento los sentimientos más puros que me entregaste a cambio de simples palabras cargadas de mentiras y engaños.


Nunca podré culparte de nada, pues con cada beso que me dabas me entregabas un pequeño fragmento de tu joven alma. Ahora que el tiempo se ha percatado de mi gran error me doy cuenta de que nunca debí haberte atado a mi lado de la manera en la que lo hice, pero ya es demasiado tarde para aflojar la cuerda que te mantenía apresada, para devolverte las alas que un día con estas mismas manos te arranque sin piedad por miedo a que tuvieras la necesidad de echarte a volar. Incluso es demasiado tarde para devolverte aquellos sentimientos puros que te arrebaté por miedo a que fueran devorados por otras manos que no fueran las mías. Ahora que ya nada tiene remedio quisiera pedirte perdón con estas palabras cargadas con el dolor de mi alma. Sé que es demasiado tarde para volver la vista atrás y recuperar lo que un día nos unió. Ya no puedo ser quien era en tu vida, pero tampoco deseo ser el demonio que vive en tus pesadillas. Sólo quiero que sepas que los recuerdos más hermosos que tengo de tu persona los olvidé en aquel banco donde te juré amor eterno para que echaran raíces y el olvido se enamorase de ellos.

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lunes, 28 de mayo de 2012

POEMA XXIX- LA PENA APRISIONADA. AKASHA VALENTINE.



POEMA XXIX- LA PENA APRISIONADA. AKASHA VALENTINE. 

Envuelta en encajes y adornada con bordados de un color atezado he atavíado a mi figura con un tono lúgubre y decadente, ausente de coloración, pero apropiado dadas las circunstancias y el estado de ánimo en el que se encuentra mi frágil alma en estos mismos instantes. Le he pedido a mis labios, ahora agrietados por la ausencia de besos, que no pronuncien tu nombre hasta que la muerte haya enfriado tu cálido cuerpo, tu carne se convierta en polvo y los huesos que un día formaron el armazón de tu esqueleto me recuerden cada día de mi inexistente vida que la mortalidad que una vez nos fue entregada es un suspiro efímero que cabalga a lomos de las arenas del tiempo.

Mis ojos se han quedado sin lágrimas para seguir llorando tu partida, así que he me visto obligada a regalar mis preciados zapatos de cristal con los que bailé hasta el último día de tu vida con el único fin de obtener unos nuevos. Como no encontraba a nadie que los quisiera, la desazón me los ha cambiado por sentimientos como el disgusto, la pesadumbre y la inquietud interior, por lo que he podido volver fabricar nuevas lágrimas más melancólicas y cargadas de pena para poder seguir aferrándome con fuerza a tu ataúd mientras la muerte se lleva consigo a este compungido corazón que muere con cada latido y en cada suspiro perece por el desconsuelo que le ha provocado tu repentina partida.

Mis cabellos son los únicos que no han conseguido vestirse para la ocasión, así que en tu funeral serán los únicos en lucir un tono deslumbrante tan claro como los rayos del sol y tan cálido como una mañana de verano, pero como no deseo que destaquen los cubriré con un manto del mismo color con el que la pena se ha vestido para la ocasión. Guardaré las formas hasta el final, pero cuando la soledad venga a visitarme todas las noches me acurrucaré entre sus brazos con el único fin de ser mecida hasta que el cansancio venga a buscarme y los brazos de Morfeo me lleven a un lugar donde los recuerdos moran en un estado de letargo permanente mientras mi pequeño cuerpo se mantiene firme esperando encontrarte de nuevo aunque solamente sea durante las pocas horas que dura el crepúsculo.

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jueves, 17 de mayo de 2012

POEMA XXVIII- SABOR DE AMANTE. AKASHA VALENTINE.



POEMA XXVIII- SABOR DE AMANTE. AKASHA VALENTINE. 

El suave y dulce aroma de tu piel baila de forma seductora con el viento que ahora mora en esta habitación llena de personas. Brazos desnudos, cuerpos cubiertos de telas escotadas decoran las siluetas de mujeres preciosas y, sin embargo, mis ojos no pueden apartar la mirada de la escultural forma que me muestra tu espalda semidesnuda. Saboreo con lentitud el dulce olor de tu perfume, mientras dejo que mis deseos más fogosos ahoguen su sed en tu copa llena de licor. Húmedas gotas transparentes ansiosas de tocar tus labios resbalan sin remedio por la imponente figura que marca tu copa de cristal, entretanto mis impetuosos ojos las contemplan con detalle mientras éstas resbalan ansiosas por los bordes anhelando saborear una minúscula parte de los cantos carnosos que forman tus labios. Hablo al viento y cargo a la brisa que me rodea con palabras inseguras cuyo significado siempre tiene nombre de mujer. Tengo miedo a ser rechazado, y puede que a ser negado por tus labios, incluso me atrevería a decir ignorado por tus ojos cuyo color es tan intenso que cuando los contemplo me quedo sin aliento y olvido las formas que tienen las palabras. Sin darme cuenta enmudezco de golpe y mis débiles piernas se anclan al suelo que me sostiene para no caer de forma inminente rendido ante tu impresionante figura.



No quiero quedarme aquí quieto por más tiempo, esperando a que los segundos me concedan el espacio que necesito para armarme de valor y nadar hasta alcanzar la roca en la que habitan los sueños. Temo a la inseguridad, pero lo que más miedo me da es convertirme en la sombra de tu silueta, la figura que siempre te observa desde la lejanía y cuyos sentimientos crecen cada día un poco más en el interior de mi pecho hasta dejarme sin aliento. Sé que nunca encuentro el momento oportuno, las palabras necesarias, el argumento perfecto o la escena adecuada, pero es que cuando mis ojos se posan en ti, olvido todo cuanto he aprendido sobre el amor y me echo a temblar pensando en lo ridículo que debo de parecer, pues ante mí se alza la figura de una diosa llamada deseo cuyas cuerdas manejan a su antojo a este humilde corazón llamado anhelo. Tan delicada y tan preciada, eres todo cuando quiero en esta vida, no me importa nada, e ignoro a aquellas voces que me animan a abandonar este barco que viaja a la deriva en un mar de locura, demencia y paranoia. Sé que ellos no pueden entenderme, y yo no voy a malgastar esta corta vida para hacerles entender el embrujo que tienen tus palabras cuando de refilón me nombras en una conversación, aunque después no tengas nada más que añadir sobre mi persona.



Ojalá pudiera acercarme hasta ti sin miedo alguno con el único fin de poder anclar estas hermosas palabras en tus oídos. Si tuviera la capacidad de regalarte algo mágico y hermoso créeme que estas manos te construirían un palacio en la tierra al que llamaría paraíso. Si supieras cuanto significas en mi vida nunca más te sentirías sola o abandonada, porque cada minuto de tu preciada vida estarías ocupada encajando las miles de piezas que forman mi existencia, la cual te entrego de forma voluntaria para que hagas con ella lo que quieras. Si me aceptaras aunque solo fuera durante una milésima de segundo en tu vida no me importaría morir después, porque ya habría cumplido el sueño más grande de mi vida el de ser una figura visible en tus ojos. ¡Oh, Dios mío! ¿Cómo puedo ser tan afortunado? Pues he conocido algo más grande que la vida: la existencia del amor en mi pecho, la elocuencia de los sentimientos, la importancia del cariño, la razón por la que existe la ternura o la pasión entre los hombres y las mujeres. Soy una persona tan afortunada que incluso tiemblo de emoción cuando imagino que estas palabras acabarán surcando tu boca y en tus ojos brillarán unas lágrimas cuyo destino final llenará mi corazón de sentimientos contradictorios pero valorados de igual forma. Date prisa, mi amor, no te detengas. El amor está a un solo paso y en mi humilde corazón ya he bordado tu nombre con letras de oro cuyo resplandor brillará para siempre en la eternidad.

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