martes, 26 de febrero de 2013

POEMA XLVIII- Y CUANDO NO NOS QUEDÉ NADA. AKASHA VALENTINE.




POEMA XLVIII- Y CUANDO NO NOS QUEDÉ NADA. AKASHA VALENTINE.

Lo sé. Mis humildes palabras no tienen un efecto reparador en tu alma, por eso te ofrezco algo más real y tangible, unos dedos estirados para ser recogidos cuando tú quieras, una mano amiga con la que puedas llegar a sentirte segura cuando el miedo se agolpe en tu puerta y no tengas otra salida. Confiar en alguien es como caminar sobre la cuerda floja con los ojos vendados, es dejarle mirar en lo más profundo de tu corazón sin miedo a ser juzgado, es abrir de par en par tu vida y esperar ser aceptado tal y como eres sin temor a ser sentenciado por errores cometidos cuando la imprudencia hablaba en nombre de la razón. No tengo miedo, pavor o temor a echar un vistazo a ese corazón tuyo que con tanto recelo guardas entre tus manos, mis sentimientos por tu persona son lo único que deseo satisfacer aún cuando me gritas y me echas a un lado o te deshaces de mis abrazos con frialdad. En esta fría y clara noche el viento mece algo más que nuestros cabellos y ruego a Dios que se lleve consigo esas lágrimas que un día derramé en tu nombre para que de esta forma pueda seguir viéndote tal y como eres sin perderte ni un solo momento de vista. Quisiera pactar un contrato que nos obligase a permanecer eternamente unidos hasta el final de los tiempos, pero tú te opondrías inmediatamente y yo sería desterrado de tu vida para siempre, así que con un amargo sabor a derrota ejecuto mi última jugada en estos versos escritos en prosa que te dedico con la esperanza de revivir una vez más al antojo de tus dedos moviéndome como el títere que siempre quise ser aún cuando los demás me advertían del error que cometería.

En ojo ajeno debo de parecer un ser sumiso, tiranizado por una figura sádica como la tuya, pero todos ellos se equivocan, pues nadie te conoce mejor que yo y he visto en ti la bondad oculta debajo de capas y capas que visten tu piel de desconsuelo, aflicción y congoja. He contemplado gestos tuyos que harían temblar el corazón del hombre más duro; en ti, vida mía, he conocido el verdadero significado de la palabra amor, y por eso me doblego ante tu voluntad para que hagas con mi vida lo quieras. Eres mi razón de ser, el motivo por el cual vivo, sin ti soy como un mapa vacío, un destino sin meta de llegada, no soy nada sin tu persona y esa idea me aterra, pues ¿qué va a ser de mí si no estoy a tu lado para complacerte cada día de mi lamentable vida? Seré juzgado, lo sé, incluso por aquellos que ni tan siquiera se toman un minuto de su tiempo para conocerme, pero ¿a quién demonios le importa eso? Si te tengo aquí y ahora, conmigo, reposando tu cabeza sobre mis hombros, lo que digan u opinen los demás de mí carece de importancia para mi persona. Dime, ¿cómo me ves en realidad cuando no te estoy viendo? ¿Como una pieza que manejar a tu antojo o algo más importante? Temo preguntar, pero la incertidumbre se vuelve cada vez más latosa y mis labios se mueven por voluntad propia, posiblemente envenenando tus oídos con palabras que nunca querrás oír. No quiero arruinar este momento, por eso antes de que algo salga mal quiero que te alejes de mí, pero no te vayas muy lejos, lo suficiente como para poder darnos tiempo y añorarnos cuando cerremos los ojos y no podamos vernos. Qué debilidad la mía, pues la sola idea de no tenerte cerca de mí ya me causa desazón.

Levantaré con mis frágiles articulaciones este negro manto que encubre nuestro destino. Te abrazaré con fuerza aunque no quieras, seré tu guía cuando la luz nos abandone a mitad de camino, y ya cuando no nos quede nada por lo que seguir existiendo te ofreceré gustosamente mi psique como pago de todo cuanto has hecho por mi persona. Soy tu fiel sirviente, en el amor y en la batalla, un guerrero cuya armadura no está forjada por el hierro sino que fue confeccionada con sentimientos mucho más fuertes que el acero. Mi corazón será tu escudo, mi cuerpo tu armadura, mis palabras tu mejor arma, por eso sigo aquí a tu lado, dispuesto a seguirte alla donde vayas, sin importar el camino o el rumbo a seguir. Nunca dejaré de protegerte, aún cuando los brazos del mundo aferren con fuerza tu cuello y te ahoguen hasta dejarte sin aliento; yo correré hasta ti para salvarte, aunque me lleve la vida en ello. Tú, que a los ojos de la humanidad no mereces la pena; yo seguiré afirmando que se equivocan, romperé cada grillete, barrote o prisión en la que te encierren para darte nuevas alas con las que poder volar a un lugar mejor. No soltaré jamás esa diminuta mano que ahora me aferra con fuerza mientras el abismo al que tanto tememos espera engullirnos para saciar su hambre. Siento que nos ahogamos, el final está cerca, la muerte nos desea y aún me sigo resistiendo a pensar que llegará el día en el que deberemos tomar caminos separados. Quisiera pedirte un último favor: cuando el tiempo que nos acogió se consuma en las llamas del olvido ven a mí y susúrrame al oído una última mentira sobre el amor, para que de esta forma pueda irme tranquilo pensando que un día supe que me amabas de verdad.  


NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2013 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.   

lunes, 11 de febrero de 2013

POEMA XLVII- ROTA Y RASGADA. AKASHA VALENTINE.



POEMA XLVII- ROTA Y RASGADA. AKASHA VALENTINE.

Reposa tus pensamientos en mí y deja que sea yo quien surque con las yemas de mis dedos los remolinos que forman tus cabellos. Cierra los ojos, pero no te duermas antes de tiempo, quiero escuchar tu voz un minuto más, o tal vez dos, antes de que la luz de la luna se filtre a través del cristal e ilumine a dos cuerpos iguales oprimidos por un amor prohibido. Descansa, aunque el miedo te llene por dentro. Relaja tus facciones y esboza con tus labios una sonrisa que sea sólo mía. Háblame una vez más de la primera vez que te fijaste en mí, de cómo tu corazón latía con fuerza en el interior de tu pecho, recuérdame cómo mis ojos te miraban y en mi rostro dibujé una expresión de asombro. Porque eres tú. Siento un sin fin de emociones que habitan en mi ser a las que no les puedo poner nombre cuando me miras y fijas tu mirada en mi ser. No te alejes de mi lado, ni camines por lugares en los que yo no pueda seguirte, quédate conmigo aunque sea solamente por simple compasión por este alma que vive en mi interior. Ruego a Dios que mantenga vivo nuestro juramento en las estaciones venideras, para que nunca flaqueemos y tengamos la suficiente fuerza para sobrevivir a los prejuicios de quienes nos rodean. Ven, acércate un poco más, acortemos las distancias y besémonos sin miedo a ser descubiertas, pues ahora que nadie nos mira puedo sentirte más cerca de mí.

He llorado infinitas noches, preguntándome por qué si mi amor por ti es tan puro y grande tengo que seguir sufriendo un dolor que me rompe y me rasga por dentro sin que pueda hacer nada por evitarlo. No mendigo compasión, simplemente pido respeto. Porque las imposiciones son las cadenas con las que se ata el alma y oprimen la libertad del espíritu. Ahora que nadie nos oye, te confesaré con un tono de voz susurrante lo mucho que te necesito a mi lado, y si algún día dudas de mis palabras, te juro que las reforzaré con recuerdos o actos que te convenzan de que todo cuanto digo es cierto. Quiero que apoyes tu mano contra la mía. ¿Lo notas? Es el latido de nuestros corazones palpitando al unísono. Sé que no te gusta que cierre con llave las puertas que te llevan a mi pasado, pero de forma inconsciente lo hago para protegerte, o tal vez lo haga por mí misma, porque tengo miedo a perderte. Me gusta ver cómo me miras, pues eres la única persona que lo haces de esa manera, en la que puedo sentirme segura sin necesidad de palabras para apoyarme en ellas y seguir adelante. Tu mentón se hunde en mi hombro, tus besos se quedan grabados en mi piel y el silencio se apoya sobre nosotras por miedo a caerse cuando las yemas de tus dedos se deslizan por mi cuerpo.

Tu fragancia se funde con el aire, el calor de nuestros cuerpos desnudos apoyados contra la ventana queda empañado por la fría mañana de un nuevo día, las primeras gotas de lluvia caen imitando las lágrimas que ya no nos quedan para despedirnos hasta la próxima vez. Atosigada por la ansiedad que me produce dejarte, reclamo con más exigencia tus acciones, quiero sentirme segura entre tus brazos, aún cuando tú no estés quiero tener la sensación en todo momento de que no estoy sola si pienso cada segundo de mi vida en ti. Esta noche, cuando te alejes de mi lado, correré en tu búsqueda, aunque no lo creas, extenderé mis alas y llegaré de nuevo a ti para recordarte que mi mundo carece de sentido si tú no estás en él. Nadie sabe si el amor existirá alguna vez en sus vidas, pero desde luego lo que yo siento por ti se asemeja bastante a su significado, por eso quiero que nadie más me diga cómo debo de pensar con respecto a mis sentimientos, ni tan siquiera tú. Así que ven, refúgiate entre mis brazos y vive en mi boca, ahora y para siempre, antes de que el tiempo se dé cuenta de lo mucho que me importas e insista en alejarte de mi lado para siempre, amada mía.


NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2013 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.   

jueves, 31 de enero de 2013

POEMA XLVI- MIS DESTRONADOS SUEÑOS. AKASHA VALENTINE.




POEMA XLVI- MIS DESTRONADOS SUEÑOS. AKASHA VALENTINE.

Deshojando convenientemente una a una las fotografías que un día decoraron estás ruinosas paredes he caído tardíamente en la cuenta de que el tiempo que pasamos juntos hizo las maletas y se fue sin dejarme dirección alguna en la que poder encontrarle para convencerle de que vuelva a mi lado antes de que el abandono ocupe su lugar y hospede en mi corazón a emociones dramáticas y sobrecogedoras. Con lentitud he rasgado las yemas de mis dedos por encima de las alargadas hendiduras que se han formado en torno a los andrajosos muros ahora inexpresivos, y he permitido a la fría agua fluir a través de sus grietas para simular las lágrimas que mis ojos contienen con dificultad. Con las plantas de los pies descubiertas he rascado el crudo suelo aún sin pavimentar impregnando no sólo el aroma de mi piel sino también la sangre que fluye a través de mi venas. Aquejada por el dolor producido por las heridas he dejado caer a mi cuerpo sobre un alargado y mullido asiento abotonado sin respaldo, el cual me sostiene sin queja alguna mientras mi cuerpo tendido reposa imitando la postura que solía adquirir cuando me rodeabas con tus brazos. Acogida por la oscuridad, he bailado esta noche con longevas candelas consumidas por las llamas que me arropan con su escasa lumbre y he danzado hasta caer rendida con las proyecciones oscuras de los grandes cuerpos que se alzan en los muros que me rodean cuando la luz no les ilumina.

Con mis propias manos he ido consumiendo el tiempo que me queda en la tierra puliendo esos escalones inacabados que un día me llevaron a creer que podría alcanzar mis propios sueños. Como me he refugiado del dolor en un habitáculo sin ventanas he pintado con las puntas de mis dedos el cielo que un día creí merecer y he vestido de gala a mi cuerpo para esperar a la muerte cuando el día se convierta en noche durante un breve periodo de tiempo. Deambulo sin prisa, con una mano enrollada en la pesada tela que cae desde la cintura hasta mi pies, pisando sin mirar dónde apoyo esas heridas que no cesan de quejarse y me sacuden con violencia el cuerpo mientras mi otra mano sostiene un candil con velas encendidas y cera caliente que se derrama sobre mi pecho cuando el miedo me sobresalta por la espalda. Hoy, sin previo aviso, me he reencontrado con viejos recuerdos del ayer y me han culpado por no haber sido capaz de expresar en cada momento las emociones o palabras que tú tanto necesitabas oír, así que me he visto en la obligación de taparme los oídos y salir corriendo antes de que la verdad me hiriera de muerte y ya no me quedasen más fuerzas para seguir malviviendo en este pequeño espacio al que llamo hogar. Las mismas sombras con las que dancé durante horas ahora me siguen, gritan mi nombre y me humillan como si yo no valiese nada, y por primera vez desde que te fuiste de mi lado he vuelto a llorar hasta quedarme sin aliento ni fuerzas.

¿Qué hice mal? Me pregunto a mí misma sin hallar respuesta alguna, mientras alzo mis brazos hacia el cielo y ruego clemencia para este alma sin consuelo. Los techos que cubren mi morada han comenzado a resquebrajarse y la lluvia se filtra a través de las paredes inundando esta habitación y consumiendo las llamas que con tesón alumbraron las velas ahora apagadas. Quisiera que esta soledad que me ronda sin descanso no se aferrase con fuerza a mi cuello, pues su carga resulta ser pesada y asfixiante. Nado entre ruinas, con el agua llegándome ya hasta la cintura, ya es demasiado tarde para escapar, o quizás es que nunca quise encontrar una salida a este dolor que insiste en seguir a mi lado hasta que exhale mi último suspiro. Cubro mi rostro ante la vergüenza que encuentro reflejada en el agua que hay por debajo de mi pecho, no me atrevo a mirarla a los ojos, pero pronto esa misma turbación anidará en mi ánimo y me obligará a enfrentarme a ella aunque yo no lo desee. Los remordimientos no cesan de devorar mi alma mientras grito sin descanso tu nombre aún con la boca cubierta por el agua. Mis ojos lloran y mis lágrimas se funden con el cristalino líquido que no cesa de emerger de entre las paredes. Siento que me falta el aire y en lo único en lo que puedo pensar en estos momentos es en el último recuerdo que tengo de tu persona, cuando dejaste tras de ti una achacosa maleta vacía de recuerdos, prendas o emociones que me atasen a ti para siempre.


NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2013 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría. 

miércoles, 16 de enero de 2013

POEMA XLV- ¿PUEDO QUEDARME? AKASHA VALENTINE.



POEMA XLV- ¿PUEDO QUEDARME? AKASHA VALENTINE.

Deseaba describirte en el verso más bello jamás compuesto por el hombre, pero nunca encontré las palabras adecuadas que rindieran homenaje a tu persona, así que al darme cuenta de ello emprendí un largo viaje y anduve sin descanso día y noche por caminos áridos y tierras heladas, pero no hallé vocal alguna bajo las pesadas rocas o las escarpadas montañas con la que poder crear una obra maestra digna de agasajar a tu alma. Cerré los ojos y escuché al viento pronunciar mi nombre en tu boca, pero lamentablemente estaba demasiado lejos de ti para volver antes de que tus lágrimas tocasen el suelo y seguí mi camino omitiendo tu dolor, manteniendo vivo mi propio sueño, ignorando cuán crueles pueden ser los días en los que la soledad nos acecha cuando no estamos con aquellos a quienes un día dejamos partir. Me perdí en mi propia ilusión, consumí una gran parte de mi vida intentando alcanzar un ideal que tuve delante de mis ojos todo el tiempo y ahora que la madurez se ve reflejada en cada arruga de mi piel me doy cuenta de que no importa cuántas veces voltee mi cabeza para dar marcha atrás en el tiempo, las horas que se han ido no volverán y por eso debo aferrarme a cada segundo que estoy a tu lado para no perderme en proyectos que nunca saldrán del puerto de mis sueños.

Llámame ingenuo si quieres, pero aún me sigo emocionando cuando tu rostro se posa sobre mi cara y me deleitas con una tímida sonrisa. Es entonces cuando me vuelve a la mente esa estrofa que nunca supe cómo debía ser escrita para conquistarte y llenar tu vida de una inmensa felicidad que durase eternamente. Siento que soy demasiado afortunado cuando me miras, me tocas, me hablas o simplemente te quedas a mi lado sin decirme nada descansando tu cuerpo sobre mis hombros mientras las estrellas del firmamento nos contemplan. Perdóname por no ser capaz de retener entre mis dedos tu estación preferida, por no entonar como es debido ese soneto que te describe como musa de quien te observa, aunque y a ti lo único que parece importarte es que siga cogiendo tu mano para darme la bienvenida en un corazón puro e inocente como es el tuyo. Cuando te miro me pregunto ¿puedo quedarme contigo? Y a continuación mis lágrimas empañan mis ojos y naufrago en el océano de mis emociones, y de nuevo, sin que te lo pida, vienes para salvarme sin importar el momento o el lugar. ¿Qué puedo hacer si no sé componer ni una mísera estrofa que sirva para engalanar tu infinita bondad? Y una vez más, cuando creo estar perdido en una ilusión rota, me hablas con el corazón en la mano y me demuestras que no necesitas nada más de mí salvo mi lastimera presencia en tu día a día.

¿Puedo llamarlo amor? O es acaso una osadía por mi parte el que alguien como yo crea que puede alcanzar un sentimiento tan puro de una forma tan simple. De verdad, puedo quedarme a tu lado mientras envejecemos lentamente y los recuerdos se vuelven tesoros privados cuyo valor monetario es infinito. Tengo tanto miedo que sin darme cuenta comienzo a sospechar que todo esto es tan sólo fruto de mi imaginación, una utopía irreal creada por un alma hecha pedazos y un corazón roto por una aspiración que nunca logré alcanzar. Ahora que la noche ha acallado mis temores, me doy cuenta de que en realidad te debí de hacer mucho daño en el pasado, por eso el simple hecho de que sigas me querido de la manera en la que lo haces dice mucho de ti, aunque sea la persona menos indicada para expresarlo. Quiero quedarme contigo, llorar hasta desgastar todas las lágrimas de mis ojos, quiero sentirte cerca de mí y someter mi alma a tu voluntad. Simplemente no concibo un mundo sin ti y aunque me arrepiento de no haberte podido escribir esa oda que un día en mi alocada juventud te juré, me quedaré aquí a tu lado hasta el final de mis días, para escribirte cada noche antes de acostarte una nota que dejaré debajo de almohada en la que te elogie como persona y te agradezca el amor que me profesas. Esta noche escribiré sin que lo sepas mi primera apología en la que te preguntaré ¿puedo quedarme imperecederamente en tu corazón hasta el día en que me muera?


NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2013 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría. 

lunes, 7 de enero de 2013

POEMA XLIV- VENTANAS EN EL ALMA. AKASHA VALENTINE.




POEMA XLIV- VENTANAS EN EL ALMA. AKASHA VALENTINE.

Perplejidad, duda y confusión. Colores que se desvanecen ante mis pupilas cuando intento tocarlos con las yemas de mis dedos. Emociones consumidas, sentimientos ásperos que se cuelan a través de los espacios de mis dedos entreabiertos convirtiéndose en porciones menudas cuyo tamaño me recuerda al de un grano de arena. Las yemas de mis dedos, ahora curtidas por los años, surcan las cicatrices de mi pecho y sangran al entrar en contacto con las espinas que se han formado en torno a mi corazón malherido. Esta noche el tiempo corre en mi contra, por eso he roto la esfera en la que le mantenía prisionero y le he robado a ese viejo reloj sus brazos con forma de agujas metálicas para que no se apresure en anunciar mi adiós antes de tiempo, pues lo único que busco en estos momentos es un poco de luz en este camino de sombras falto de esperanza. Me niego a creer en las palabras que eluden a las despedidas, por eso he tirado de tu brazo y he enrollado mis dedos a la palma de tu mano, estirando más allá de lo creía que podría llegar a conseguir estos grandes brazos para rodearte con ellos y sentirte cada vez más cerca de mí. Me siento turbado cuando oigo tu voz y tus gestos me alejan de ti mientras dejo caer un par de lágrimas para llorar sin que nadie me mire. Quiero volver al ayer, a esa habitación sin muebles, donde nuestros cuerpos desnudos aún siguen empapados por el deseo mientras nos comemos a besos.

Para ti el presente es lo que cuenta, pues eludes mis caricias sujetándome con tu mano y apartándome de ti ladeando tu cabeza para no pueda ver a través de tus ojos a tu propia alma. ¿Qué nos queda de lo que fuimos? Raíces secas aferrándose a su propia supervivencia, recuerdos agolpados en viejas escaleras y sueños aún guardados en desgastadas maletas rotas que nadie quiera usar. Tengo ganas de rendirme, de dejar atrás todo cuanto creía a lo que podría aferrarme para seguir viviendo sin ti, pero estoy cansando de seguir fantaseando en esta utopía donde creo que todo irá bien si me vendo los ojos y no me enfrento a la realidad. Quiero romper este falso decorado y volar lejos de aquí, a un lugar donde el dolor no sepa mi nombre y tampoco recuerde mi rostro. ¿Por qué la felicidad se ha olvidado repentinamente de mí? ¿A quién vas a ver cuando no miro y tus pies corren en busca de nuevos caminos cuyo recorrido desconozco? ¡Dios, que cansando estoy de ser una persona tan vulnerable y débil! En mi mente siempre existe la mima pregunta, que se repite una y otra vez sin cesar y para la que no tengo respuesta pues el mundo que me rodea me ha dado la espalda una vez más y evita hablarme por miedo a sufrir mi mal de amores. ¿Por qué no merezco ser feliz si lo he dado todo por ese sentimiento que no tiene dueño, forma o dirección en la que pueda encontrarle siempre que quiera?

Lo sé, sé que nada de esto tiene sentido para ti, pero para mí es importante poder expresar todo cuanto siento, aunque sea en un viejo papel rasgado cuyo destino finalizará en el interior de mi bolsillo roto. No es que no quiera dejarte ir, es que no puedo hacerlo, significas tanto en mi vida que un solo segundo sin ti es como una muerte prematura. Te confieso que tengo miedo a experimentar nuevas emociones, siempre he sido una persona difícil de complacer, pero desde que te conocí enseguida supe que si algún día tenía que verte partir romperías mi corazón en mil pedazos, por eso he plantado un jardín de rosas cargadas de espinas, para que cuando estires tu mano y vengas a recogerlo te hieras tan profundamente que no tengas ganas de quitármelo y llevarte contigo hasta los recuerdos más hermosos que tengo de ti. Seré una persona egoísta ante tus ojos, un ser indigno de confianza, pero no fui yo quien corrió a refugiarse en otros brazos cuando las cosas no nos iban como esperábamos. Siento a la verdad oprimirme hasta dejarme sin aliento, mi final está cerca, tal vez se haya apresurado, pero ahora mismo todo me da igual, ya no soy el mismo y a ti ya todo te da igual. Ve, corre con él, ese hombre te espera, es lo mejor para ambos, olvídate de mí y deja que muera esta noche consumido por el dolor de tu partida.


NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2013 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.

jueves, 27 de diciembre de 2012

POEMA XLIII- VEN A MÍ. AKASHA VALENTINE.




POEMA XLIII- VEN A MÍ. AKASHA VALENTINE. 

Ven a mí para cubrir mis ojos cuando la realidad sea tan brutal y dañina que apenas tenga espacio para respirar. Hunde las yemas de tus dedos en mis pupilas y graba en ellos el dolor que me provoca la resistencia que ofrece mi voluntad a ser sometida por tus grandes manos. Deja que mi cuerpo permanezca reclinado, pero no recostado, sobre este charco de vida que brota de mis laceradas muñecas y se me escapa de las manos llevándose consigo el último aliento vital que brota de mi boca jadeante, reseca por los gritos de dolor que se manifiestan de forma vehemente a través de las carnosas fauces que se forman en mi agrietado rostro. Decora estas paredes blancas cuya tonalidad se asemeja a los rostros inmortales que veo cada noche al pie de mi lecho con la misma sangre que en estos momentos se derrama a través de las heridas de mi propio cuerpo. Mófate de mi vida cuando llegue al final del camino y devores mi alma, ya sea de forma lenta o apresurada, mientras te preguntas cuán estúpidos podemos llegar a ser los seres humanos valorando tan poco un regalo tan preciado como es el de un espíritu libre.


Quiero sentir ese dolor que me dejan tus manos después de presionar mis dedos de forma suave, necesito saber que mis pesadillas seguirán vivas en tus recuerdos cuando yo no esté aquí para hablarte de ellas. Necesito encadenarme a tus palabras para seguir siendo sometido por esta locura temporal que vaga sin descanso por mi mente y encierra a mi verdadero yo en una prisión de barrotes irrompibles y miradas constantes que me observan sin descanso como si de un animal enjaulado se tratase. Sé que no lo entiendes, o si lo comprendes no quieres reconocerlo delante de mi persona, pero por mí esta bien, es mejor así, o mejor dicho es más cómodo para mí. Quiero que todo esto acabe de una vez por todas, deseo pactar contigo, muerte, aquí y ahora. Estrechemos nuestras manos y dejemos atrás este imborrable recuerdo que el tiempo desea atesorar de forma permanente en su memoria infinita. Porque lo único que quiero ahora mismo es poder seguir viviendo aunque sólo sea como un alma errante hambrienta y confusa, desorientada y perturbada, una criatura sin piedad o bondad, un ser que se asemeje a ti en cuerpo y alma.


Pero por alguna extraña razón tú temes convertirme en alguien igual a ti, y este pensamiento me provoca cierto consuelo en mi corazón. Siento que estoy en lo correcto pues cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que quizás esté equivocado y el camino que he escogido no sea el más apropiado para mi persona, aunque ya es demasiado tarde para dar marcha atrás y solucionarlo. Las heridas que un día cubrían mi cuerpo han desaparecido, pero las cicatrices siguen ahí para recordarme que no debo olvidar, pues el olvido lo único que provoca es la ausencia de emociones dolorosas, alimentando la esperanza con nuevos sueños. Te lo ruego, quédate conmigo hasta el final de los tiempos, tú quien tantos amaneceres has visto sabrás que lo que estoy pidiendo es un acto de sacrificio permanente. Estoy cansando y herido en mi orgullo, he dejado atrás mi imperfecta vida para convertirme en alguien muy distinto. La distancia que nos separa es abismal, nuestros dedos no parecen estar hechos para entrelazarse según nos plazca, y siento tu intenso dolor como tú sientes el mío en estos momentos. Quiero tocarte, salvarte, estar a tu lado y no sentirme solo nunca más. Tal vez por eso te llamé hoy y siempre esté deseando verte venir a mi lado para toda la eternidad. 


NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2012 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.

lunes, 17 de diciembre de 2012

POEMA XLII- VEN DE NUEVO. AKASHA VALENTINE.




POEMA XLII- VEN DE NUEVO. AKASHA VALENTINE.

Duerme, amada mía, pues el crepúsculo aún no ha anunciado su llegada y la claridad no envuelve con su manto el cielo nocturno que se oculta tras mi ventana. Cierra los ojos y olvida las horas, pues las manecillas de los relojes han hecho las maletas y se han ido en busca de un lugar más propicio en el que asentar sus vidas. Ven de nuevo a mis brazos, acurrúcate en mi pecho y resguárdarte en mi corazón de la oscuridad que nos envuelve, pues aunque no tienes nada por lo que temer sé que te sientes más segura cuando oyes los latidos de mis propios sentimientos confesándote lo mucho que te quiero. Ahora cierra los ojos, y no aceptes esta última petición mía como una orden sino como un ruego, pues mi único deseo en estos momentos es el de posar mis sueños sobre tus largas pestañas y así arroparme al final del día con ellas para sentir la dulce textura de tu piel cuando los abras.


Apoyaré con sumo cuidado mis cansados pensamientos sobre tus cabellos, mientras me deleito con el aroma de ellos sin poder imaginar un lugar mejor en el que me gustase estar. Alzaré las puntas de mis dedos y los arrastraré al interior de tu cálido cuerpo para posarme sobre tus hombros y refugiarme en ellos hoy, mañana y siempre. Le pediré a tus carnosos labios que sean la cima de mis emociones, para que así cuando me vea obligado a escalarlos siempre pueda alimentar a mi fatigada boca con deseos aún por llegar. Sé que aún no te lo he dicho, o si lo he hecho lo he olvidado por completo, pero cuando estoy contigo siento que soy merecedor de una felicidad que no merezco, pues tú llenas mi vida de tantas sensaciones que a veces tengo la impresión de que me ahogaré en ellas si no escapo durante unos segundos de tu vida para recobrar la compostura y continuar como si nada hubiera ocurrido.


Sé lo que quieres, y soy consciente de que puedo dártelo, aún cuando ruborice tus mejillas y estremezca a tu cuerpo con miles de descargas momentáneas placenteras tú seguirás pidiéndome más y vendrás de nuevo a mí para abrazarme con tu diminuto cuerpo y rodearme con esos pequeños brazos inflexibles que apenas me dejan espacio para respirar cuando les pido que me dejen marchar. Tengo tantas cosas por las que estar agradecido que no sabría muy bien por cuál empezar así que creo que lo mejor que puedo hacer es comenzar por el principio. Sé que lo sabes, pero aún así quiero reformar mis palabras y mis actos con gestos que nos confirmen que aún seguimos siendo amigos y amantes, compañeros de fatiga y pareja, por eso te pido que en este día que aún no ha llegado pero que está a punto de ascender en los cielos extiendas tu manos y la enredes con la mía, para que nuestros dedos siempre estén unidos de forma eterna.


Ven de nuevo, te pediré una vez más por voluntad propia, sin coacción o imposición. He derramado ya demasiadas lágrimas por corazones que no merecían la pena, y ahora que el tuyo merece cada una de esas lágrimas temo haber dejado a mis ojos lo suficientemente secos como para no derramar ninguna si en algún momento tú decides irte de mi lado. Ha llegado el momento de ser felices, de enterrar a los demonios que un día nos hirieron con su falsas mentiras. Ahora que te tengo aquí a mi lado, me pregunto si de verdad el reino de Dios será como estar sumido en un profundo sueño rodeado por los brazos de quien amas. No me importa si ahora mismo lo que vivo es una falsa ilusión de realidad, pues estando aquí a tu lado todo me da igual. Elijo amarte por voluntad propia, egoístamente, mientras pienso que eres sólo mía y de nadie más. Por eso he expulsado de mi vida a las horas, porque si las tengo cerca de mi persona me recordaran de forma constante que la mortalidad me ronda cada segundo de mi vida y algún día me veré obligado a decirte adiós, amada mía. 


NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2012 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.