lunes, 3 de junio de 2013

POEMA LII - TU TIEMPO, MI TIEMPO. AKASHA VALENTINE.


POEMA LII- TU TIEMPO, MI TIEMPO. AKASHA VALENTINE.  

Horas pegadas en las paredes de mi cabeza que se mezclan formando borrosos recuerdos en mi mente. Difumino con las yemas de mis dedos los colores que un día escogí para pintarte, y quemo de forma consciente las malas sensaciones hasta reducirlas a cenizas. Siento que cuando pienso en ti un sin fin de mariposas aletean de forma espasmódica sus alas produciéndome un incómodo hormigueo en la boca del estómago que desearía dejar de tener con tan sólo pensarlo. Pues si dejo que mis emociones gobiernen mi vida mi alma se consumirá en la desesperación y la angustia. Por esta y otras muchas razones huyo de ti, del anclaje que me producen tus palabras, de la asfixiante armonía que creas cuando te tengo cerca de mí. La debilidad que siento nada tiene que ver contigo, pero tampoco puedo negar que cuando estoy junto a ti mis ojos no añoran anclarse a las baldosas del suelo que pisamos para evitar miradas y acusarnos de dañarnos mutuamente con besos que no nos llevarán a ninguna parte o caricias que serán nuestra perdición. Fingir que nada nos importa ya es demasiado peso para mi alma, así que espero que lo entiendas cuando te digo que nuestro tiempo se acabó, que ya nada volverá a ser igual, aunque corras detrás de mis huellas o dejes migas de pan en mitad del camino que me lleven de regreso hacia ese rincón de perdición donde el amor que un día juramos mantener vivo nunca volverá a tener la misma fuerza con la que nos unió y nos llevo a caer en la desesperación.


Tu tiempo ya no es mi tiempo. Ha llegado el momento de decirnos adiós. Deja tu llave sujeta en la cerradura, evita girarla, te lo ruego, ya no hay marcha atrás, pues ya no me quedan más lágrimas que llorar ni sensaciones nuevas que experimentar. Tú acabaste con todas ellas en un abrir y cerrar de ojos y, aunque al principio me parecieron irreales e intangibles, con el paso de los días me fui dando cuenta de que en realidad sólo eran ilusiones sin descubrir encerradas en los más profundo de mi ser. No me lo hagas más difícil, te lo suplico, no alces tu voz y me culpes de tu dolor y exclames con rudas palabras que yo soy la responsable de tu desconsuelo, sabes que no es verdad, pues yo nunca tuve la intención de crear una falsa utopía en el lecho de aquel viejo catre que durante tantas horas fue refugio de nuestra pasión y deseo. No grites, te lo ruego, te suplico que dejes de chillar, pues tu pesar es una carga de la que no deseo hacerme responsable porque ya nada me une a ti, aunque ahora la venda que tapa tus ojos te impida ver con claridad lo que tú sabes que es verdad. Déjame ir antes de que la locura nuble a la razón y hundas el filo de ese cuchillo en mi pecho o te hieras a ti mismo por pura desesperación. Escucha lo que te digo si así lo deseas, pero créeme si te digo que estas heridas algún día sanarán y se convertirán en cicatrices que dejaran de doler y molestarnos cuando las miremos. Hazme caso, es hora de decir adiós de una forma u otra y yo quiero verte marchar y rehacer tu vida aunque en mi boca suene como un acto egoísta, pues como ya te he dicho tu tiempo y mi tiempo ya no existen para seguir unidos. 

Akasha Valentine. http://www.akashavalentine.com

NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2013 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría. 

lunes, 15 de abril de 2013

POEMA LI DAME UN SUEÑO. AKASHA VALENTINE.



POEMA LI-  DAME UN SUEÑO. AKASHA VALENTINE.

Quiero soñar. ¿Pero con qué? Pregunta una voz interior en mí. Tal vez desee fantasear con la forma de tu mano extendida y la curva que aparentan tus dedos en cada línea. Igual me precipito al pensar de esta manera, así que tal vez lo que realmente deseo es poder perfilar con las yemas de mis dedos esas sombras que crean tus ojos cuando miras hacia otro lado. Es agotador idealizar figuras en la noche, creer que si las mantengo vivas en mi cabeza se harán realidad con la llegada de un nuevo día, pero lo cierto es que deseo que ese momento en el que la oscuridad llega a su punto cumbre todas las ilusiones que un día tracé con esmero en mi mente se hagan realidad para no sentirme tan desesperada ahora que la arrogante soledad sabe donde dormitan mis esperanzas e ilusiones marchitas. Mis inquietos pies juegan de forma intranquila con la áspera sábana y mis dedos se asoman por el borde intranquilos pensando en el amplio abismo que se ha generado al borde de mi lecho donde el suelo parece cada vez más lejano cuando intento llegar a él. Me siento abrumada, o tal vez debería decir atosigada, por esas horas que se pegan a mi reloj como las sombras a la noche. El tiempo que un día pactamos de mutuo acuerdo parece haberse olvidado de mí, así que me refugio en un mundo donde los proyectos no expiran jamás y los deseos no amargan cuando no se logran hacer realidad. Tengo en todo momento la sensación de ser un alma sin destino a la que a nadie le importa donde yazca al final de mis días, pues mi sola presencia ya molesta y mi ausencia no se nota. ¿Porqué nací siendo como soy si lo único que yo anhelo es poder ser alguien a quien la vida tenga en consideración?


Me fatiga pensar de esta manera. Anunciar libremente mis pensamientos esperando a que tú los oigas e incluso los recojas cuando más te convenga. Pensar en eludirte es como pedir al sol que no salga en una calurosa mañana de verano, me es imposible ignorarte al igual que me resulta insoportable la de idea de no tenerte entre mis sueños cuando cierro los ojos y esculpo bellos espacios en los que compartir a tu lado. Quisiera no pensar de esta manera, no parecer un alma a punto de desmoronarse, pero así es como me siento cuando te alejas de mí y ni tan siquiera me dejas una dirección en la que poder encontrarte cuando más falta me hagas. Tus palabras, aunque cargadas de falsa amabilidad, son mi tesoro más preciado, con lo que alimentar a mis malheridas emociones quienes, confusas por mis actos, no saben qué decisión tomar por sí solas. Por eso deseo soñar, porque en mis sueños yo no soy un alma frágil a punto de desmoronarse, no me siento fatigada ni angustiada a pesar de que los días son como una soga en mi cuello que lentamente va acortando la distancia que nos separa y se va aferrando con mayor fuerza a mi persona. Tal vez haya llegado el momento de renunciar a ti, pues es mi propia felicidad la que peligra en estos instantes, y ya no estoy segura de lo que quiero, o tal vez tenga miedo de aceptar que lo que en realidad estoy buscando tú no estás dispuesto a dármelo y esa idea me angustia tanto que apenas me ofrece espacio para respirar.


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miércoles, 6 de marzo de 2013

POEMA L- UN CAMINO SIN RETORNO. AKASHA VALENTINE.



POEMA L- UN CAMINO SIN RETORNO. AKASHA VALENTINE.

He alzado las yemas de mis dedos con las puntas cubiertas de un color negro para tocar el cielo que cubre nuestras cabezas. A continuación he movido los extremos como si de instrumentos de madera se tratasen con el único fin de pintar ese espacio diáfano que permite entrar a la cálida luz del día aún cuando no tengo ganas de contemplarla para después verla quedarse postrada a los pies de mi cama mientras retira con sus rápidas y afiladas zarpas las sombras que nos cobijan debajo de las sábanas. He difuminado con mis propias manos cada una de las gotas que has ido dejando resbalar por tus mejillas, mientras te obligo a recorrer un camino sin retorno que te lleve hasta lo más profundo de mi sentimientos para que nunca dudes vaciles sobre el amor que te profeso. Te he besado sin miedo, pues mis labios se han anclado en el puerto que forma tu boca y he saboreado con tu lengua el dulce manjar que produce el cariño cuando dos personas se aman. He sentido la presión de tus brazos alrededor de mi cuello y he exclamado un gemido de placer al darme cuenta de cuanto los echaba de menos. Mi palpitante corazón se ha acelerado y tus palabras de amor se han pegado a mi cuerpo como si de una segunda piel se tratase y de la que nunca querré desprenderme.

Me deleito y a su vez me siento abatido cuando me quedo a tu lado mientras el viento ondea tus cabellos y te toca donde yo no llego, mientras me obligo a mí mismo a reprimir emociones primarias que son llevadas en barca por los celos y balanceadas por las inquietudes de la duda y la envidia que me produce contemplar esas manos sin forma que no se cansan nunca y para las que no puedo poner freno cuando estoy delante de tu persona. Este sentimiento que gobierna nuestras vidas es demasiado frágil y quebradizo, siempre insuficiente deseando poder estar en unión con la persona amada. Siento mi propia debilidad cuando no estoy junto a ti. Siento que si no soy reiterativo con mis palabras o gestos te llegarás a sentir incomoda y tendrás la necesidad de hacer las maletas e irte a un lugar donde yo jamás podré alcanzarte, por eso siempre te de diré día y noche cuanto te quiero sin importar lo cargante que llegué a ser. Aunque me rechaces, ya sea con gestos o mediante palabras, yo seguiré estando a tu lado, custodiando cada emoción para que nunca te sientas desprotegida. Ojalá nunca tuviera que decirte adiós con la llegada de un nuevo día, por eso me he apresurado en quitarle el color y el brillo al sol, para que te quedes un poco más de tiempo junto a mí, alimentando un sueño del que nunca querré despertar. 


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jueves, 28 de febrero de 2013

POEMA XLIX- PENSAMIENTOS SIN PATRIA. AKASHA VALENTINE.




POEMA XLIX- PENSAMIENTOS SIN PATRIA. AKASHA VALENTINE.

He oído a las horas correr sin descanso, pero mi mente se encuentra demasiado ocupada pensando en ti como para prestarles la atención que me demandan. He agachado los dedos cuando no mirabas para recoger las huellas que hemos ido dejando en el camino de la vida, para no añorar el pasado que no vivimos o perdernos en los sueños ya cumplidos. Palpitante y lleno de jubilo mi corazón baila sin descanso en la amplia cavidad que forjaste para él, aún risueño me pregunta si de verdad puedo tomar como propios esos sentimientos que llevan tu nombre bordado en la piel y cuyo aroma huele igual que tú, y yo le respondo que sin lugar a dudas puede llevárselos consigo con la única condición de que cuide de ellos para toda la eternidad.

Ven, amada mía, acércate un poco más a mi persona, descansa tu peso sobre mi hombros y háblame una vez más de lo que has hecho durante el día sin omitir ningún detalle, sin olvidarte del acto más insignificante, pues para mí todo cuanto tú realizas tiene más valor que la hazaña más grandiosa de cualquier hombre. Dichoso soy, pues aunque nadie más comprenda mi propia felicidad a mi me basta con tenerte entre mis brazos para darme cuenta de cuán afortunado soy de poder respirar el mismo aire que tu aspiras. A tu lado, he ganado más confianza en mí mismo, he podido llegar más lejos que nadie porque en lo más profundo de mi ser sólo quería hacerte feliz para que nunca tuvieras que sentirte agobiada por la preocupación que causa amar a un hombre con miles de errores que se niega a aceptar por miedo a enfrentarse a su propio fracaso.

Cuando te miro comprendo que ahora navego por aguas tranquilas, donde la serenidad no se encalla en cada roca ni el valor muere ahogado por las lágrimas que tiempo atrás solía derramar con demasiada facilidad. Creía que comprendía el mundo que me rodeaba, que nada me sorprendería ya, pero cuando te veo sonreír tiemblo de emoción y me tambaleo mientras pienso que debo darme prisa en acortar la distancia que nos separa para aferrarme a tu boca y reclamar tus labios como mi isla propia. Perdóname si te sorprendo aún con gestos que son capaces de teñir tus mejillas de una tonalidad rosada, y discúlpame por emplear a veces frases que lo único que te provocan es malestar y desasosiego cuando las digo sin pensar. Ahora que nos hemos detenido para tomarnos un respiro me doy cuenta de cuánto añoro el tacto de tus dedos sobre mi piel y me pregunto cuánto tiempo más podré aguantar sin sentirlos cerca de mí.

Me has dado tanto y nunca has pedido nada a cambio. Tú, quien con tu inocencia me salvaste de perderme a mí mismo, me miras con los ojos embriagados por la sorpresa mientras deslizo mi mano sobre tu rostro para atraerte contra mi pecho de forma permanente. No existe palabra en el mundo que me ayude a expresar cuan agradecido estoy por haberte encontrado, así que mientras me quede un solo soplo de vida seguiré estando a tu lado hasta el final de nuestros días. Deja de llorar, amor mío, las lágrimas no te favorecen aunque sean de felicidad, sólo quiero ver en tus ojos ese brillo que tanto te caracteriza. Sé que soy un egoísta por pensar de esta forma, pero es que si no lo pienso así siento que no podré estar a tu lado nunca más y esa idea exilia a mis pensamientos a un lugar sin patria donde posiblemente morirán antes de que pueda hacer nada por ellos. Por eso te doy las gracias, por esto y por todo lo que fue y por lo que aún está por llegar. Gracias vida mía desde lo más profundo de mi corazón. 


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martes, 26 de febrero de 2013

POEMA XLVIII- Y CUANDO NO NOS QUEDÉ NADA. AKASHA VALENTINE.




POEMA XLVIII- Y CUANDO NO NOS QUEDÉ NADA. AKASHA VALENTINE.

Lo sé. Mis humildes palabras no tienen un efecto reparador en tu alma, por eso te ofrezco algo más real y tangible, unos dedos estirados para ser recogidos cuando tú quieras, una mano amiga con la que puedas llegar a sentirte segura cuando el miedo se agolpe en tu puerta y no tengas otra salida. Confiar en alguien es como caminar sobre la cuerda floja con los ojos vendados, es dejarle mirar en lo más profundo de tu corazón sin miedo a ser juzgado, es abrir de par en par tu vida y esperar ser aceptado tal y como eres sin temor a ser sentenciado por errores cometidos cuando la imprudencia hablaba en nombre de la razón. No tengo miedo, pavor o temor a echar un vistazo a ese corazón tuyo que con tanto recelo guardas entre tus manos, mis sentimientos por tu persona son lo único que deseo satisfacer aún cuando me gritas y me echas a un lado o te deshaces de mis abrazos con frialdad. En esta fría y clara noche el viento mece algo más que nuestros cabellos y ruego a Dios que se lleve consigo esas lágrimas que un día derramé en tu nombre para que de esta forma pueda seguir viéndote tal y como eres sin perderte ni un solo momento de vista. Quisiera pactar un contrato que nos obligase a permanecer eternamente unidos hasta el final de los tiempos, pero tú te opondrías inmediatamente y yo sería desterrado de tu vida para siempre, así que con un amargo sabor a derrota ejecuto mi última jugada en estos versos escritos en prosa que te dedico con la esperanza de revivir una vez más al antojo de tus dedos moviéndome como el títere que siempre quise ser aún cuando los demás me advertían del error que cometería.

En ojo ajeno debo de parecer un ser sumiso, tiranizado por una figura sádica como la tuya, pero todos ellos se equivocan, pues nadie te conoce mejor que yo y he visto en ti la bondad oculta debajo de capas y capas que visten tu piel de desconsuelo, aflicción y congoja. He contemplado gestos tuyos que harían temblar el corazón del hombre más duro; en ti, vida mía, he conocido el verdadero significado de la palabra amor, y por eso me doblego ante tu voluntad para que hagas con mi vida lo quieras. Eres mi razón de ser, el motivo por el cual vivo, sin ti soy como un mapa vacío, un destino sin meta de llegada, no soy nada sin tu persona y esa idea me aterra, pues ¿qué va a ser de mí si no estoy a tu lado para complacerte cada día de mi lamentable vida? Seré juzgado, lo sé, incluso por aquellos que ni tan siquiera se toman un minuto de su tiempo para conocerme, pero ¿a quién demonios le importa eso? Si te tengo aquí y ahora, conmigo, reposando tu cabeza sobre mis hombros, lo que digan u opinen los demás de mí carece de importancia para mi persona. Dime, ¿cómo me ves en realidad cuando no te estoy viendo? ¿Como una pieza que manejar a tu antojo o algo más importante? Temo preguntar, pero la incertidumbre se vuelve cada vez más latosa y mis labios se mueven por voluntad propia, posiblemente envenenando tus oídos con palabras que nunca querrás oír. No quiero arruinar este momento, por eso antes de que algo salga mal quiero que te alejes de mí, pero no te vayas muy lejos, lo suficiente como para poder darnos tiempo y añorarnos cuando cerremos los ojos y no podamos vernos. Qué debilidad la mía, pues la sola idea de no tenerte cerca de mí ya me causa desazón.

Levantaré con mis frágiles articulaciones este negro manto que encubre nuestro destino. Te abrazaré con fuerza aunque no quieras, seré tu guía cuando la luz nos abandone a mitad de camino, y ya cuando no nos quede nada por lo que seguir existiendo te ofreceré gustosamente mi psique como pago de todo cuanto has hecho por mi persona. Soy tu fiel sirviente, en el amor y en la batalla, un guerrero cuya armadura no está forjada por el hierro sino que fue confeccionada con sentimientos mucho más fuertes que el acero. Mi corazón será tu escudo, mi cuerpo tu armadura, mis palabras tu mejor arma, por eso sigo aquí a tu lado, dispuesto a seguirte alla donde vayas, sin importar el camino o el rumbo a seguir. Nunca dejaré de protegerte, aún cuando los brazos del mundo aferren con fuerza tu cuello y te ahoguen hasta dejarte sin aliento; yo correré hasta ti para salvarte, aunque me lleve la vida en ello. Tú, que a los ojos de la humanidad no mereces la pena; yo seguiré afirmando que se equivocan, romperé cada grillete, barrote o prisión en la que te encierren para darte nuevas alas con las que poder volar a un lugar mejor. No soltaré jamás esa diminuta mano que ahora me aferra con fuerza mientras el abismo al que tanto tememos espera engullirnos para saciar su hambre. Siento que nos ahogamos, el final está cerca, la muerte nos desea y aún me sigo resistiendo a pensar que llegará el día en el que deberemos tomar caminos separados. Quisiera pedirte un último favor: cuando el tiempo que nos acogió se consuma en las llamas del olvido ven a mí y susúrrame al oído una última mentira sobre el amor, para que de esta forma pueda irme tranquilo pensando que un día supe que me amabas de verdad.  


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lunes, 11 de febrero de 2013

POEMA XLVII- ROTA Y RASGADA. AKASHA VALENTINE.



POEMA XLVII- ROTA Y RASGADA. AKASHA VALENTINE.

Reposa tus pensamientos en mí y deja que sea yo quien surque con las yemas de mis dedos los remolinos que forman tus cabellos. Cierra los ojos, pero no te duermas antes de tiempo, quiero escuchar tu voz un minuto más, o tal vez dos, antes de que la luz de la luna se filtre a través del cristal e ilumine a dos cuerpos iguales oprimidos por un amor prohibido. Descansa, aunque el miedo te llene por dentro. Relaja tus facciones y esboza con tus labios una sonrisa que sea sólo mía. Háblame una vez más de la primera vez que te fijaste en mí, de cómo tu corazón latía con fuerza en el interior de tu pecho, recuérdame cómo mis ojos te miraban y en mi rostro dibujé una expresión de asombro. Porque eres tú. Siento un sin fin de emociones que habitan en mi ser a las que no les puedo poner nombre cuando me miras y fijas tu mirada en mi ser. No te alejes de mi lado, ni camines por lugares en los que yo no pueda seguirte, quédate conmigo aunque sea solamente por simple compasión por este alma que vive en mi interior. Ruego a Dios que mantenga vivo nuestro juramento en las estaciones venideras, para que nunca flaqueemos y tengamos la suficiente fuerza para sobrevivir a los prejuicios de quienes nos rodean. Ven, acércate un poco más, acortemos las distancias y besémonos sin miedo a ser descubiertas, pues ahora que nadie nos mira puedo sentirte más cerca de mí.

He llorado infinitas noches, preguntándome por qué si mi amor por ti es tan puro y grande tengo que seguir sufriendo un dolor que me rompe y me rasga por dentro sin que pueda hacer nada por evitarlo. No mendigo compasión, simplemente pido respeto. Porque las imposiciones son las cadenas con las que se ata el alma y oprimen la libertad del espíritu. Ahora que nadie nos oye, te confesaré con un tono de voz susurrante lo mucho que te necesito a mi lado, y si algún día dudas de mis palabras, te juro que las reforzaré con recuerdos o actos que te convenzan de que todo cuanto digo es cierto. Quiero que apoyes tu mano contra la mía. ¿Lo notas? Es el latido de nuestros corazones palpitando al unísono. Sé que no te gusta que cierre con llave las puertas que te llevan a mi pasado, pero de forma inconsciente lo hago para protegerte, o tal vez lo haga por mí misma, porque tengo miedo a perderte. Me gusta ver cómo me miras, pues eres la única persona que lo haces de esa manera, en la que puedo sentirme segura sin necesidad de palabras para apoyarme en ellas y seguir adelante. Tu mentón se hunde en mi hombro, tus besos se quedan grabados en mi piel y el silencio se apoya sobre nosotras por miedo a caerse cuando las yemas de tus dedos se deslizan por mi cuerpo.

Tu fragancia se funde con el aire, el calor de nuestros cuerpos desnudos apoyados contra la ventana queda empañado por la fría mañana de un nuevo día, las primeras gotas de lluvia caen imitando las lágrimas que ya no nos quedan para despedirnos hasta la próxima vez. Atosigada por la ansiedad que me produce dejarte, reclamo con más exigencia tus acciones, quiero sentirme segura entre tus brazos, aún cuando tú no estés quiero tener la sensación en todo momento de que no estoy sola si pienso cada segundo de mi vida en ti. Esta noche, cuando te alejes de mi lado, correré en tu búsqueda, aunque no lo creas, extenderé mis alas y llegaré de nuevo a ti para recordarte que mi mundo carece de sentido si tú no estás en él. Nadie sabe si el amor existirá alguna vez en sus vidas, pero desde luego lo que yo siento por ti se asemeja bastante a su significado, por eso quiero que nadie más me diga cómo debo de pensar con respecto a mis sentimientos, ni tan siquiera tú. Así que ven, refúgiate entre mis brazos y vive en mi boca, ahora y para siempre, antes de que el tiempo se dé cuenta de lo mucho que me importas e insista en alejarte de mi lado para siempre, amada mía.


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jueves, 31 de enero de 2013

POEMA XLVI- MIS DESTRONADOS SUEÑOS. AKASHA VALENTINE.




POEMA XLVI- MIS DESTRONADOS SUEÑOS. AKASHA VALENTINE.

Deshojando convenientemente una a una las fotografías que un día decoraron estás ruinosas paredes he caído tardíamente en la cuenta de que el tiempo que pasamos juntos hizo las maletas y se fue sin dejarme dirección alguna en la que poder encontrarle para convencerle de que vuelva a mi lado antes de que el abandono ocupe su lugar y hospede en mi corazón a emociones dramáticas y sobrecogedoras. Con lentitud he rasgado las yemas de mis dedos por encima de las alargadas hendiduras que se han formado en torno a los andrajosos muros ahora inexpresivos, y he permitido a la fría agua fluir a través de sus grietas para simular las lágrimas que mis ojos contienen con dificultad. Con las plantas de los pies descubiertas he rascado el crudo suelo aún sin pavimentar impregnando no sólo el aroma de mi piel sino también la sangre que fluye a través de mi venas. Aquejada por el dolor producido por las heridas he dejado caer a mi cuerpo sobre un alargado y mullido asiento abotonado sin respaldo, el cual me sostiene sin queja alguna mientras mi cuerpo tendido reposa imitando la postura que solía adquirir cuando me rodeabas con tus brazos. Acogida por la oscuridad, he bailado esta noche con longevas candelas consumidas por las llamas que me arropan con su escasa lumbre y he danzado hasta caer rendida con las proyecciones oscuras de los grandes cuerpos que se alzan en los muros que me rodean cuando la luz no les ilumina.

Con mis propias manos he ido consumiendo el tiempo que me queda en la tierra puliendo esos escalones inacabados que un día me llevaron a creer que podría alcanzar mis propios sueños. Como me he refugiado del dolor en un habitáculo sin ventanas he pintado con las puntas de mis dedos el cielo que un día creí merecer y he vestido de gala a mi cuerpo para esperar a la muerte cuando el día se convierta en noche durante un breve periodo de tiempo. Deambulo sin prisa, con una mano enrollada en la pesada tela que cae desde la cintura hasta mi pies, pisando sin mirar dónde apoyo esas heridas que no cesan de quejarse y me sacuden con violencia el cuerpo mientras mi otra mano sostiene un candil con velas encendidas y cera caliente que se derrama sobre mi pecho cuando el miedo me sobresalta por la espalda. Hoy, sin previo aviso, me he reencontrado con viejos recuerdos del ayer y me han culpado por no haber sido capaz de expresar en cada momento las emociones o palabras que tú tanto necesitabas oír, así que me he visto en la obligación de taparme los oídos y salir corriendo antes de que la verdad me hiriera de muerte y ya no me quedasen más fuerzas para seguir malviviendo en este pequeño espacio al que llamo hogar. Las mismas sombras con las que dancé durante horas ahora me siguen, gritan mi nombre y me humillan como si yo no valiese nada, y por primera vez desde que te fuiste de mi lado he vuelto a llorar hasta quedarme sin aliento ni fuerzas.

¿Qué hice mal? Me pregunto a mí misma sin hallar respuesta alguna, mientras alzo mis brazos hacia el cielo y ruego clemencia para este alma sin consuelo. Los techos que cubren mi morada han comenzado a resquebrajarse y la lluvia se filtra a través de las paredes inundando esta habitación y consumiendo las llamas que con tesón alumbraron las velas ahora apagadas. Quisiera que esta soledad que me ronda sin descanso no se aferrase con fuerza a mi cuello, pues su carga resulta ser pesada y asfixiante. Nado entre ruinas, con el agua llegándome ya hasta la cintura, ya es demasiado tarde para escapar, o quizás es que nunca quise encontrar una salida a este dolor que insiste en seguir a mi lado hasta que exhale mi último suspiro. Cubro mi rostro ante la vergüenza que encuentro reflejada en el agua que hay por debajo de mi pecho, no me atrevo a mirarla a los ojos, pero pronto esa misma turbación anidará en mi ánimo y me obligará a enfrentarme a ella aunque yo no lo desee. Los remordimientos no cesan de devorar mi alma mientras grito sin descanso tu nombre aún con la boca cubierta por el agua. Mis ojos lloran y mis lágrimas se funden con el cristalino líquido que no cesa de emerger de entre las paredes. Siento que me falta el aire y en lo único en lo que puedo pensar en estos momentos es en el último recuerdo que tengo de tu persona, cuando dejaste tras de ti una achacosa maleta vacía de recuerdos, prendas o emociones que me atasen a ti para siempre.


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