domingo, 12 de enero de 2014

POEMA LXI- ENVEJECER CONTIGO. AKASHA VALENTINE.


POEMA LXI- ENVEJECER CONTIGO. AKASHA VALENTINE. 

Ven, quédate aquí a mi lado hasta que seamos ancianos y nuestras arrugadas manos aún entrelazadas por el paso de los años cuenten en las líneas de la piel nuestra vida en común. Déjame oír tu voz una vez y otra hasta que sin aliento te quedes, o de la fatiga caigas rendida por complacer a mi tonto deseo de ser querido por tu boca. Quiero ser para ti esa promesa que nace del amor, esa frase que siempre parece estar en boca de los enamorados que se juran amor eterno al cobijo del cielo estrellado. Deseo amarte más de lo que ya lo hago en cada etapa de tu vida, en la que ansió crecer contigo como amigo, como compañero, persona y marido. No puedo prometerte, vida mía, un mundo en el que la tonalidad dominante sea del mismo color que la flor que crece a los pies de tu jardín, pero lo que sí que puedo darte es una paleta de colores para que tú pintes del tono que más te guste cada momento de tu vida. Tampoco quiero darte aquello que no tengo ahora y que quizás nunca sea mío, salvo mi corazón que sé que late con fuerza en el interior de mi pecho; eso sí que te lo puedo ofrecer, si lo quieres es tuyo; corre, tómalo antes de que se marchite y ya sea demasiado tarde como para recogerlo y llevártelo lejos. Haz lo que quieras con él, pero lo que me gustaría de verdad que hicieras es que lo quisieras con todas tus fuerzas y que de vez en cuando le dieras de comer caricias y besos que sólo estuvieran destinados a calmar su sensación de soledad, cuando no le puedes prestar atención. En un lecho de sábanas o sobre un manto de flores frescas quiero rodar contigo ladera abajo o caer sobre la cama aún hecha para dormir a tu lado hoy, mañana y todos los días que viva. Sé que otros hombres te prometerán fortuna y riqueza, fama y prestigio, sueños escritos en las estrellas; pero yo que soy un hombre humilde tengo los bolsillos vacíos de monedas, pero te juro que si me eliges nunca tendrás que preocuparte por pasar hambre, porque viajaré hasta los confines del mundo para traerte en bandejas de plata los más deliciosos manjares. Amarte de la forma en la que te amo es mi más ansiado deseo, hacerte feliz es mi meta, pues toda tú eres mi sueño y esperanza. Así que dime, vida mía, ¿qué eliges? Cuéntamelo mientras apoyas tu mirada sobre la mía y mi brazo descansa sobre tus hombros, y somos ajenos a los años que pasan sin que envejezcamos en este papel llamado fotografía. Hoy estaremos aquí, mañana uno de los dos faltará, y después nos tendremos que despedir de aquellos a quienes queremos, pero lo que debes de tener muy presente en tu cabeza es que yo siempre viviré en tus recuerdos, en las imágenes que, congeladas en el tiempo, han quedado para recordar al hombre que fui. Devoto de tu persona, fiel a tus emociones, un loco soñador que aún sigue enamorado de ti a pesar de que ya no puedo decirte todos los días de mi vida lo mucho que significaste en ella.

Akasha Valentine 2014 © http://www.akashavalentine.com

NOTA LEGAL: Akasha Valentine 2014 ©. La autora es propietaria de esta obra y tiene todos los derechos reservados. Si ves algún poema en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.   

lunes, 6 de enero de 2014

POEMA LX- LA ROSA DE MI LECHO. AKASHA VALENTINE.


POEMA LX- LA ROSA DE MI LECHO. AKASHA VALENTINE. 

Si esta noche es la última que puedo tenerte entre mis brazos haré que sea memorable. De mi boca oirás palabras de amor, expresiones del alma que nunca he dicho o escrito a nadie, salvo para ti, aquí y ahora. Mi cuerpo será mi piano, mi voz tu canción preferida y tus senos desnudos los acordes que emplearé para escribir cada una de las notas que necesitaré para copiar estar bella canción de amor que del alma nace y aflora a través del deseo cuando las yemas de mis dedos se hunden en tu sexo. Oiré como tu voz me llama mientras pronuncias mi nombre entre los gemidos y sollozos que se escapan cuando estás al límite y hundes tus labios sobre mi carne. No descansaré hasta ver la fatiga en tus ojos, el cansancio sobre tu pecho, el letargo en tus ojos y aún así sólo te dejaré descansar unos minutos antes de seguir la partida a la que te he retado.

No, cariño, no es el momento de extender tu mano fuera del lecho, ni la hora de coger tus zapatos para salir de aquí corriendo. Tu falda aún sigue colgada de la percha, tu jersey está exhausto y duerme sobre la madera, a tu ropa interior se le han pegado las sábanas y mi cuerpo aún insatisfecho ruega que tus manos le presten atención antes de que la locura que me provoca el deseo se vuelva una enfermedad crónica. Este mal que padezco no tiene parangón, porque cuanto más me das, más anhelo, y aunque soy consciente de que debo dejarte marchar me excuso ante la idea de quererte tener tendida sobre mi almohada para atropar tu aroma en la punta de mi nariz, rozar mis dedos en tus mejillas, besar tu cuello y dormir apoyado en tu pecho.


Lo sé, sé que no eres mía, que a otro hombre has de satisfacer e incluso amar más de lo que me quieres a mí, pero sólo por esta noche dame ese sueño con el que poder alimentar mis esperanzas rotas. Déjame soñar entre tus brazos, ser la espinas que protegen a su rosa, porque eso es lo que eres para mí. Como un baile en sus últimos segundos de vida, como una estrella a punto de extinguirse en el firmamento, como una nota inacabada en un pentagrama mi amor por ti tarde o temprano tendrá que quedarse en el cajón de las promesas rotas. Pero aún quedan unos segundos antes de que el cielo me condene a estar sin ti de nuevo, por unas horas, quizás unos días o a mi pesar por años. No sé lo que vendrá con la salida del sol, pero no me importa ya, porque a ti te tendré que dejar marchar. Aunque mis dedos no quieran y mis manos te sujeten con fuerza, mi vida la hora de decir adiós ha llegado con el final de esta canción. 

Akasha Valentine 2014 © http://www.akashavalentine.com

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jueves, 26 de diciembre de 2013

POEMA LIX- EN LA CALLE DEL OLVIDO ME ENAMORÉ DE TI. AKASHA VALENTINE.


POEMA LIX- EN LA CALLE DEL OLVIDO ME ENAMORÉ DE TI. AKASHA VALENTINE. 

En la calle del olvido logré dejar atrás mis propias huellas. Olvidé apoyada en un mostrador de madera la manera en la que te amaba. Tiré a un contenedor los besos que sin previo aviso me robabas, con la esperanza de ser más fuerte y fiel al reflejo que en los espejos de las casas vacías veía cuando nadie me miraba. Pero todo cuanto hacía era en vano, pues mi piel añoraba la textura de tus dedos, la movilidad de tu mano meciendo mis cabellos y, mucho más importante que todo esto, siempre recordaba de forma involuntaria la manera en la que débilmente te sentía junto a mí, cuando los sueños venían a buscarme entre la densa niebla que se crea entre las sombras.

Apoyé muchas de tus palabras en las farolas, colgué de los balcones las frases que en tu boca siempre encontraba y dejé atrás el significado que había detrás de cada una de ellas. Pero, sin pretextos o motivos, volvían de nuevo a mi lado para reencontrarse conmigo, y la calidez que me aportaban sin que yo se lo pidiera me conmovía hasta los cimientos, así que tuve que ir recogiendo cada de unas vocales que sobre los techos de Madrid se iban escondiendo por miedo a ser dañadas de nuevo. Yo misma levanté con mis propias manos las viejas tejas de las iglesias y rescaté de los bajos fondos a las vocales que vendían su cuerpo a cambio de una boca que las tuviera siempre presentes en sus labios.

No fue fácil para mí dejar de ser quien era en aquel entonces para volver a reinventarme como persona. Crecer sin que tu cuerpo lo haga también es mi metáfora preferida, pues a tu lado cada día de mi vida podía aprender cosas nuevas y extender mis manos más allá de los horizontes que mis ojos no alcanzaban a ver. Tú, que con tus hazañas simples y llanas provocabas en mi corazón mil y una sensaciones, me hiciste darme cuenta de que la única persona que acabó dañada por el miedo a ser sincera fui yo, porque creí en otras personas, por escuchar a quien no debía, por ser aconsejada por caras que enmascaran sus emociones con falsas sonrisas, te alejé de mi lado creyendo que era lo mejor que podía hacer en mi vida, pero ahora que me he dado cuenta de que no es así quiero volver a darle marcha atrás a mi reloj de bolsillo y así volver a tu lado, de donde nunca debí partir.


En la calle del olvido las personas van y vienen sin mirar atrás, sin pararse a preguntarse si el camino tomado será el que definitivamente les conduzca a la felicidad. Pero yo no quiero seguir saltando por encima de las baldosas ni ser tocada por las frías esquinas por las que el aire pasa sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. Fue por ti que empecé a creer en las frases que los amantes rascan en las cortezas de los árboles. No quiero verte llorar sobre mis viejos vestidos o atesorar los retratos del pasado en los que el tiempo vive encerrado en láminas de cristal. Quiero que los muros que nos separan a día de hoy caigan de una vez por todas. Cariño, hoy correré de nuevo con todas mis fuerzas para estar contigo y decirte que te quiero una y mil veces más que a la vida misma mi amor.

Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com

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miércoles, 18 de diciembre de 2013

POEMA LVIII- UNA FLOR EN EL INFIERNO. AKASHA VALENTINE.


POEMA LVIII- UNA FLOR EN EL INFIERNO. AKASHA VALENTINE. 

No, vida mía, éste no es tu destino y tal vez tampoco sea el mío, aunque quién sabe ya, lo que es justo no siempre es imparcial y la balanza no favorece a los inocentes. Enmudezco, las palabras no me salen, quizás sea porque te he encontrado en donde no debería haberte hallado jamás. Tan apagada y extinta de vida que puedo sentir a mi corazón partirse en mil y un pedazos. ¡Oh, dios! Exclamó al corrompido aire que me quema los pulmones ¿Qué mal pudo hacer ella para recibir semejante castigo? Pues soy consciente de que en vida me amó por encima de todas las cosas, y sólo necesitaba una caricia de su mano para sanar a mi cansada mente de pensamientos aciagos. Cómo no voy a llorar, si la veo aquí tendida, gimiendo desconsolada porque cree que mi amor nunca fue lo suficientemente fuerte como para salvarla de la fatalidad. Quisiera que pudiera oír mi voz para pedirle una y mil veces perdón por no haber sido capaz de salvarla, por no ofrecerle una sonrisa más en el día y quizás dos o tres besos más antes de acostarme. No, sé que nada puede aliviar mi pesar, porque su voz ya no me oye, porque he dejado de oírla, y mis ojos ya cansados quieren cerrarse por esta noche y olvidar su imagen para conciliar el sueño que hace días que no aparece. Quisiera que el aire que respiro no fuera tan doloroso ni mortífero, pues alarga mi existencia y yo lamentablemente ya no quiero seguir existiendo, no sin ella. Descansaré mi cabeza sobre su almohada, pues quizás aún conserve el olor de su anterior propietaria. Tendré cerca su foto para besarla a través del frío e inanimado cristal desde el que me observa, congelada en el tiempo, sin envejecer o arrugarse con el paso de los años. Dejaré la ventana abierta para que el viento del verano se cuele a través de la persiana, para poder sentir el tacto de unas manos invisibles que ni tan siquiera se parecen a las suyas. Pero bien sé que yo que nada de esto me dará consuelo, pues mi amor duerme en un lecho de tierra y madera. Y su alma no está tranquila, porque yo no estoy allí con ella para protegerla de sus miedos y temores, de sus inseguridades e incertidumbres. Nadie debería de pasar por lo que yo estoy pasando, pero lamentablemente es una situación que muchas veces no es desconocida en oídos de quien tiene tiempo para escucharnos. Si tuviera la oportunidad de rescatarla lo haría sin pensármelo dos veces, la sacaría del infierno en que yace su alma penitente, pues su enfermedad la alejó de mí, y antes de que me pudiera dar cuenta de lo que la estaba pasando ya era demasiado tarde para ayudarla. Me dejo una nota en la mesilla, una hoja escrita con su puño y letra, y una frase a la que sólo yo le di sentido años más tarde, unas palabras que decían “Seré una flor en el infierno”, y así fue su despedida.  

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lunes, 25 de noviembre de 2013

POEMA LVII- SOLTARÉ TU MANO. AKASHA VALENTINE.



POEMA LVII- SOLTARÉ TU MANO. AKASHA VALENTINE. 

Escucha con atención lo que voy a decirte. Ha llegado a mis oídos que has estado llorando, cubriendo tus ojos con tus manos a modo de pañuelo evitando ser vista por quienes yo conocía. He sabido por boca de otros que ahogas tus penas en el fondo de una botella, y que tu sonrisa se muestra torcida cuando hablas del ayer y no vives el presente que a día de hoy aún sigue vigente. Estoy sorprendido de que ahora seas así, pues ya no eres la misma chica que tiempo atrás conocí. Es cierto que mis brazos ya no te tocan, que mis desgastados labios, agrietados por el frío y secos de besos, han olvidado como implorar clemencia para que tú poco a poco te acerques hasta ellos para comértelos hasta que fatigados e hinchados duerman mientras las horas transforman el día en noche. No puedo creerme lo que dicen por ahí de ti, que te han visto hundirte en brazos de muchas personas, ahogando tu llanto porque ya no sabes vivir sin mí. Siento tu desgracia como un amargo regalo que aparece por sorpresa debajo del árbol de Navidad. No quise herirte, pero tampoco pretendía irme sin decirte adiós y darte las gracias por haber formado parte de mi vida. Cariño, sé que aún no lo comprendes, que todo es demasiado confuso para ti pero te juro, amada mía, que este pequeño bache en tu vida sera superado y podrás seguir adelante aunque yo no esté aquí contigo para levantarte todas las veces que caigas contra el suelo.



Quiero verte sonreír todos los días, aunque creas que no tienes un motivo para hacerlo; dibuja en tu rostro la más bella expresión que jamás un hombre haya contemplado para que de esta forma te valores a ti misma y puedas darte un motivo más para seguir adelante. No finjas ser feliz por agradar a los demás, sé tú misma desde el principio hasta el final, abraza los sueños y mantén viva la esperanza, pues sólo así le darás sentido a tu vida. Sueña conmigo cuando tengas ganas de hacerlo, yo iré donde quiera que estés para ser tu abrigo y te arroparé con mi cuerpo exhalando mi aliento sobre tus cabellos para dar cobijo a tus sueños. La verdadera felicidad se esconde en los rincones más remotos del planeta, por eso quiero que salgas y vivas por ti misma las experiencias que sólo están destinadas para ti. Vence tus miedos, canta cuando nadie te vea o cuando todo los ojos del mundo entero estén posados sobre ti, tu momento es ahora, aunque yo ya no esté aquí para recordartelo cada segundo de mi vida, porque ésta ya se terminó. No tengas miedo a volver a enamorarte, a besar con pasión o dulzura la boca de otro hombre que no sea yo pues, cariño, los muertos no viven una segunda oportunidad, no pueden levantar sus cabezas de sus tumbas y volver a reunirse con quienes quisieron en vida, por eso te invito a que seas libre de amar y ser amada, porque toda tú te mereces la felicidad que aún no ha sido hallada por tu corazón y que dará sentido a tu nueva vida. 

 Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com

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martes, 5 de noviembre de 2013

POEMA LVI- GALOPANTES SUEÑOS. AKASHA VALENTINE.


POEMA LVI- GALOPANTES SUEÑOS. AKASHA VALENTINE. 

Mi adormecida lengua, hormigueando por la falta del uso y movilidad, cae en la cuna que no es otra que el interior de mi boca, y los vocablos que formados que quedaron en las cuerdas vocales de mi garganta se han quedado enredados sin que nadie pueda ayudarlos, porque no se les oye cuando exclaman palabras de socorro pidiendo ayuda. Mis dedos, inmóviles e inamovibles, esperan ser tocados por una mano que imite el tacto de la tuya, y el simple hecho de imaginarlo logra erizar el vello de mis brazos y arrancarme sin previo aviso un gemido que se escapa de mis labios para dar presencia a las sensaciones más desagradables que infelizmente viven en lo más profundo de mi ser. Dime tú cómo puedo acortar la distancia que nos separa si cuando te miro desvías la mirada y en el momento en el que te toco me apartas para que el viento fluya entre nuestros cuerpos como si fuera lo mejor que podría pasarnos aquí y ahora. ¡Oh, Dios mío! Si pudiera te devoraría con la mirada, sin dejarme nada, saborearía con la punta de mi húmedo músculo tus párpados y nadaría en el color de tus ojos, para después beberme esa tonalidad que imita a los arroyos que cruzan los puentes que hay construidos a la falda de mi ventana. Y aún sabiéndome a poco te tomaría entre las palmas de mis manos y contra mi pecho te apoyaría, para hundir la punta de mi nariz entre tus cabellos y aspirar así el azucarado aroma de éstos.


Constantemente tengo miedo. Pero por alguna extraña razón mis emociones se calman cuando estoy cerca de ti. Y ladeo mi cabeza negándome a creer lo que la razón dice que es verdad, pues tú eres mi destino y a su vez mi punto de partida. No quiero que te alejes de mi lado, que vayas a un lugar donde nunca pueda alcanzarte, a un mundo donde mis yemas no lleguen para poder tocarte, a un planeta donde mis brazos no te alcancen y yo muera asfixiado por la pena que me causa estar constantemente separado de ti. Ojalá nunca me hubiera convertido en prisionero de estas emociones, porque cuanto más viven en mí, más doblegan mi voluntad y más ansioso me vuelvo ante la idea de creer que soy la única razón por la que vives cada día de tu vida. Es humillante para un hombre como yo sentirse de esta forma por una persona que ni tan siquiera es capaz de decidirse por alguien cuando tantas personas a su alrededor luchan por ganarse su corazón. Habla pues aquí y ahora, no huyas ni te escondas, no te alejes por más tiempo de mi lado, quiero sentirte como la primera vez que te tuve desnuda entre mis brazos, con tu mirada fija en la mía, bebiendo del mismo vaso que nos dio el deseo a altas horas de la madrugada, y ahora vivimos fingiendo como si nada hubiera pasado. ¿Dónde se han quedado esos sueños y promesas a los que juramos lealtad? Tal vez nuestros corazones no estuvieran del todo hechos para estar unidos por toda la eternidad, pero aún así quiero arriesgarme y luchar por ti, porque algo dentro de mí me dice que sin ti no puedo vivir.


 Akasha Valentine 2013 © http://www.akashavalentine.com

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miércoles, 28 de agosto de 2013

POEMA LV- RAÍCES EN MI MENTE.


Poema LV- Raíces en mi mente. Akasha Valentine. 

Tu mano tocando la mía. Y mis dedos, intentando ser aceptados por los tuyos, manifiestan un dolor extremo cuando las puntas tocan los tuyos pero no se unen, se rozan sin llegar a engancharse los unos a los otros, y así en esta ardua lucha sin fin descubrimos que nunca estuvimos hechos el uno para el otro y que fingimos durante demasiado tiempo que nada podía ya molestarnos o herirnos de alguna otra forma. Siempre dispuestos a acallar nuestras voces con gestos u obsequios, como si nuestra vida fuera la viva imagen de la perfección. Pero en el fondo de nuestro corazón bien sabíamos la verdad que poco a poco se iba tejiendo en los resquicios de nuestra mente, ayudándonos a darnos cuenta de nuestra propia debilidad, que exasperada por nuestro comportamiento a veces mostraba ansiedad y otras muchas indiferencia. Juro que recuerdo aquellos tiempos como oscuros, agonizantes y lacerantes, cuyo amargo sabor aún me provoca repugnancia en la punta de mi lengua y malestar en torno a mi ser. Tus ojos, que nunca se molestaron en mirarme tal como era yo, siempre estaban preparados y dispuestos para enseñarme la indiferencia decrépita de la viva imagen de la soledad en vida.

¿Y qué otra cosa podía hacer yo en aquella época marchita salvo arrastrarme a tus pies y hundir mis dedos en la arena como si de raíces se tratase para aplacar la rabia que me consumía por dentro y enterrar así esas lágrimas de amargo sabor que en mis ojos siempre parecían estar dispuestas las veinticuatro horas del día simplemente para satisfacer tu retorcida personalidad? Nunca, y cuesta creer que una simple palabra tenga tanta fuerza en mi vida que hasta me haga despreciarla con todas mis fuerzas, pude recobrarme del daño físico y moral que tu insensibilidad por mi persona y desinterés provocaron en mi vida. Jamás me atreví a levantar la cabeza en tu presencia o a pestañear sin que tú me lo permitieses. Creía ciegamente en ese falso amor al que tú llamabas propiedad, que las heridas que a simple vista nadie veía eran un severo castigo por no ser capaz de acallar mi voz en tu presencia y que debía doblegar mi irracional mente a los deseos de tu voluntad. Nadie sabe el infierno que viví en vida, porque tú ya te encargaste de encerrar a mi verdadero yo en aquel cuarto oscuro desde donde podía ver todo desde una diminuta ventana insonorizada mientras agonizaba diariamente esperando cumplir mi sentencia para poder escapar de tu lado el día menos pensado.

Recuerdo aquellos tiempos en los que me esforzaba por abrazar tu sombra y encontrar el amor en ella que tú nunca supiste o no quisiste jamás darme. Yo hablaba, tú guardabas silencio, yo pedía más atención y tú más disciplina, y así deje morir con el paso de las horas, los días, las semanas y los años los mejores días de mi vida, que ahora irrecuperables yacen bajo el peso del tiempo en un sepulcro sin nombre ni lápida a la que pueda ir a dejar unas flores. Me pregunto si el hecho de que nuestras manos no estuvieran nunca hechas para encajar a la perfección tuvo algo que ver con todo esto. Quizás si les hubiera prestado más atención me habría dado cuenta mucho antes y todo el infierno que viví a tu lado me lo hubiera ahorrado. Pero mi inexperiencia y juventud me vendaron los ojos de cara a la verdad, y así fue como acabé convirtiéndome en el títere de tu vida, una persona que, incapaz de hacer nada por sí misma, dependía de ti para todo, incluso para alimentar a mis viejos pensamientos que, ahora rotos y desmenuzados por la locura, pedían ser curados antes de que volver a ser derrotados por la evocación de tu figura en mi frágil mente deteriorada por el tormento. 

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